Sigo considerando inconcebible el hecho de que el simple taconeo posee la habilidad de producir un agradable sonido, y si me tomo la calma de ser específica, es aún más agradable cuando las pisadas que siguen el taconear persiguen un ritmo. Cabe aclarar que nuestra composición en curso se produjo de manera inconsciente, al menos de parte del resto de mi compañía.
Nos dirigimos a los palcos del auditorio: el director, unos cuantos oficiales, mi violín, y yo. Nuestras pisadas eran aceleradas, como si tratáramos de huir de las garras de nuestro predestinado y conocido fin.
Nos dirigimos al palco que más coincidía con el ángulo en el que le dispararon al director de orquesta, era el palco del lado izquierdo, justo en el medio.
Tomando en cuenta que el auditorio se encontraba lleno esa tarde, sigo pensando en la forma de huir del asesino, cómo es que nadie lo notó, cómo es que nadie se percató de su presencia.
—Estén atentos, puede que el culpable siga en el lugar—mencionó el director.
—Si yo fuera él o ella, director, no seguiría ahí, y si lo estuviese, me aseguraría de dejar una carta de bienvenida, y aprovecharla para huir.
—¿"Carta de bienvenida"?—dijo confundida una voz desconocida.
Volteé hacia la voz para descubrir a un oficial con aspecto joven y miradaseria.
—¿Usted qué cree que es todo esto, oficial...—dirigí mi mirada hacía el lado derecho de su chaleco:"Taylor"—oficial Taylor?
—Un asesinato o intento de asesinato, todavía no se confirma la muerte del director de orquesta.
—Dos cosas: 1.- El director de orquesta se llama William Roberts. Finalmente, y el punto más interesante a mi parecer: esto no es sólo un asesinato, es un juego para el asesino.
—¿Qué quiere decir?
—Eso es algo que mencionaré más tarde. Ya llegamos.
Como si de una orden se tratara, los oficiales tomaron posiciones frente de mí, no portaban armas, pero sostenían miradas dispuestas a todo con tal de cumplir su deber. Abrieron la puerta y nada sucedió.
—¡Alto!—grité—No se muevan, no den ni un paso más.
—Señorita Villan, ¿qué le ocurre?—preguntó el director.
—Si tomamos en consideración lo que expuse con anterioridad, hay que ser más precavidos—Revise la puerta con cautela, aparentemente no había nada fuera de lo común-. Al abrir la puerta se pudo haber activado algún sensor o bomba.
—Señorita, por favor. No sea paranoica, déjenos realizar nuestro trabajo con calma— mencionó el oficial Taylor.
El oficial Taylor caminó sin saber que esos serían los últimos pasos que daría, las últimas palabras que pronunciaría, el último respiro que tomaría, y así es como en sólo segundos tu vida puede serte arrebata, sin notarlo, sin saberlo, sin pensarlo.
Decidió moverse dos pasos hacia delante, provocándose a sí mismo la muerte—o lo que yo consideraba muerte, dado a que después de tal acontecimiento, estuvo en coma—. Su cuerpo se tensó como si un calambre hubiera asaltado su cuerpo entero. Y al otro instante, su cuerpo se derrumbó en el suelo.
—Aléjense. No se acerquen más. Retrocedan —gritó el director de investigación, cuyo nombre aún me era desconocido—. Señorita Villan, ¿cómo sabía que algo ocurriría?
—Ya lo mencioné antes: el culpable considera esto un juego.
—¿Cómo puede estar tan segura de tal suposición?

ESTÁS LEYENDO
Las Notas del Crimen
Mystery / ThrillerAcostumbrada a tener una vida monótona dedicada únicamente a la música, su gato y su violín, Fahra Villan se ve partícipe de un asesinato al ser testigo de éste, instigando su vida a tomar un camino divergente al uniforme. La intriga, la curiosidad...