Capítulo 3

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Abrió sus ojos con dificultad, sentía su cabeza estallar y hasta le costaba mantener la respiración. Mikasa sintió su cuerpo pesado y pese a estar muy abrigada sobre la mullida cama, tenía frío.

¿Cómo sigues, cariño? —escuchó la cálida voz de su madre.

Me duele —respondió la niña, en un quejido al borde del llanto.

¿Qué te duele? —preguntó preocupada la mujer.

¿Qué le dolía? Realmente no podía identificar bien sus sentidos pero sabía que algo la estaba aquejando, algo físico. Ya que no pudo responder, volvió a soltar un quejido con algunas lágrimas.

Estarás bien, mi niña —aseguró la mujer, cambiando el paño tibio de la frente de la pequeña—. El doctor dijo que te recuperarás, siempre y cuando tomes tu medicamento —mostró un pequeño frasco.

¿Estuvo aquí el doctor Jaeger? —cuestionó con dificultad.

Sí, se fue hace poco —contestó—, cómo ya te había revisado antes, dice que has mejorado, pero necesitas descansar.

El doctor Jaeger le caía muy bien, era de las pocas personas ajenas a su familia que le agradaban, además de que siempre era muy bueno con ella. Si él ya la había revisado, significaba que pronto estaría bien. Pero ahora que lo pensaba... ¿cómo es que se había enfermado? Su mente nublada no la dejaba recordar, pero quizás había jugado mucho en el río... sí, eso debía de haber sido.

Lanzó otro quejido de incomodidad, quería cambiar su posición pero su cuerpo no le dejaba. Sentía tanto frío y no sabía cómo expresarlo. Apreció el hundimiento de su cama, producto del acercamiento de su madre, quien levantaba las frazadas y se recostaba con ella.

Si te abrazo, ¿te sentirás mejor? —preguntó amorosamente, mientras la envolvía cálidamente contra su pecho.

La más pequeña se sintió tan conmovida por esa acción que no evitó derramar gruesas lágrimas. ¿Por qué? ¿Por qué sentía un gran nudo en su pecho y garganta? Su madre siempre había sido así con ella, siempre le mostraba mucho amor; su padre igual, aunque claramente era su madre la principal persona que la cuidaba, entonces... ¿qué razón tenía ella para ponerse a llorar? ¿Era la fiebre? Era como si no hubiese recibido ese cariño en mucho tiempo...

Ma... —intentó llamar a su progenitora, pero le era sumamente difícil, no podía hacer un sonido coherente siquiera.

¿Qué pasa, mi niña? —la estrechó aún más.

Mamá... —consiguió decir ahora, pero se ahogó en llanto casi de inmediato.

"Te extraño", eso era todo lo que quería decir, y es que ahora que todo se volvía negro, se dio cuenta... no era más que un sueño...

Despertó con mucho lamento en su interior pero sus sentidos tardarían en hacerlo aun. Sus parpados negándose a subir era un indicativo de que se encontraba débil y eso la asustó un poco, ya que era consciente de que no podía permitirse estar así a menos que se rindiese a la muerte.

Su sentido del tacto fue lo primero en regresar, lo cual fue extraño, notó sus pestañas húmedas, signo del sentimiento nostálgico que tuvo. Sentía su cuerpo tan pesado como en su sueño, y las corrientes de aire golpearla con mucha más intensidad de lo normal. Veía todo muy oscuro pero sentía que quitaban algo de su frente y colocaban algo más.

Parallel  [EreMika]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora