𝑰 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒇𝒊𝒏𝒅 𝒏𝒐𝒃𝒐𝒅𝒚 𝒆𝒍𝒔𝒆 𝒂𝒔 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒂𝒔 𝒚𝒐𝒖
𝑰 𝒏𝒆𝒆𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒕𝒐 𝒔𝒕𝒂𝒚, 𝒏𝒆𝒆𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒕𝒐 𝒔𝒕𝒂𝒚 ♡
Obra dedicada a la Mitake week 2022 (15/08/22 -21/08/22). Porque si el manga no me da la fel...
La silueta de una sonrisa tierna y amorosa se dibujó en los labios de Manjiro cuando, frente a él, las pequeñas manos del niño le extendieron algunas conchas marinas.
—Son las más bellas, Kai.
El pequeño rubio no se molestó en ocultar su alegría y soltó algunas risitas a la vez que dió saltitos. ¿Cómo podría ocultar su alegría? Era feliz de recibir palabras bonitas de su padre.
Ante el mundo, Manjiro Sano era un hombre común, con una vida corriente y aburrida, manchada por la presencia de un niño al que, por si fuera poco, debía cuidar solo.
Porque si, Manjiro era padre "soltero", pero no por elección o por obligación, lo hacía por amor. Después de todo, aunque lo dijera, nadie sería capaz de comprender el sacrificio que había detrás.
Cuando la mirada de Mikey se posó en el pequeño rubio que chapoteaba en la playa, la sublime imagen de Takemichi atacó su memoria.
Los hermosos ojos azules de su hijo eran más brillantes que el cielo mismo, tal como los de Takemichi, incluso su mirada inocente y dulce era parecida a cuando lo conoció.
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Fue una tarde de verano, con el sol por ocultarse, la marea meciéndose y la brisa salada golpeando su rostro, que todos los deseos de Manjiro por vivir una aventura y salir de la rutina se cumplieron, cuando, por azares del destino o por la más dichosa coincidencia, vio por primera vez a Takemichi.
Contrario a cualquier escenario de cuento romántico, encontró al ojiazul herido sobre la arena, con el rostro lloroso y restos de algas sobre el cabello. Sin embargo, lo que más sorprendió a Mikey no fueron los raspones o la mueca lamentable del azabache, sino la enorme y reluciente cola que tenía en lugar de piernas.
Cualquiera pensaría que la primera reacción de Takemichi sería de terror puro al verse descubierto por un humano, pero no, no fue así, porque Takemichi en lugar de intentar huir o mostrarse amenazante, sólo pudo pedir ayuda. Era ingenuo y confiado, pues a pesar de apenas conocerlo confió su vida a un humano. Arriesgó a los de su especie y así mismo por un descuido.
Claro que por la mente de Manjiro pasaron cientos de ideas de lo que podría hacer con la fantástica criatura que apareció frente a él, pero las desechó por completo. Sería incapaz de dañarlo.
Es así que, decidido a ser el salvador del azabache, Mikey se encargó de cuidar del herido tritón, primero cargando con él de nuevo al océano y llevándolo a una bahía dónde pudiera estar a salvo y resguardado de los ojos curiosos.
Curar las heridas del tritón pronto se volvió una costumbre para Manjiro, así como pasar todas sus tardes a su lado, ni siquiera era consciente de cuando la noche caía.
Para Takemichi la compañía del humano no fue indiferente, agradecía sus cuidados y disfrutaba de escucharlo, hablar sobre su día y todas las curiosidades que pudiera decir.