Día cinco: Family issues

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Cuando Giyuu era un niño no entendió cuando Tsutako trato de explicarle porque sus padres no volverían, tampoco entendió porque su hermana llegaba tan tarde a casa o porque estaba tan cansada, pero Tsutako era la única compañía que tenía, por eso, a pesar de no entender muchas cosas, no quería que su hermana se sintiera cansada, así que empezó a ayudarla en las tareas del hogar para que ella no tuviera que hacerlo. Al principio fue torpe y lento, pero con el tiempo pudo hacerlo bien, incluso aprendió a cocinar.

Él ya entendía porque sus padres no volverían, entendía porque su hermana estaba tan cansada, también entendió la carga que era para ella.

Al tener la edad suficiente, busco un trabajo para hacer algo útil además de la limpieza y cocina en su hogar. Lo encontro en un dojo famoso en la ciudad, sacando ventaja de sus habilidades en la limpieza se dedicó a limpiar el dojo antes de ir a la escuela y después de cada práctica.

Giyuu nunca había tocado una bokken en su vida, pero al toparse con el dueño entrenando a lo que parecía ser una copia del mismo hombre solo que más joven, los movimientos firmes y entusiastas lo hicieron observar al portador, parecía uno solo con el bokken, tan natural y confiado, provocó que las manos de Giyuu comenzarán a picar, incitandolo a tomar otro y tratar de llevarle el ritmo, pero Giyuu no estaba aquí para divertirse, estaba aquí para tratar de aligerar las responsabilidades de su hermana, así que ignoro cualquier pensamiento y puso manos a la obra.

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Fue dos meses despues cuando conoció a su mejor amigo y primer amor: Sabito.

Las cosas se dieron de manera natural, se completaron de manera maravillosa y todo parecía ir tan bien, estuvieron juntos durante un tiempo y creyó encontrar otra familia junto a Sabito, Makomo y Urokodaki, pero Giyuu debió suponer que sentirse tan cómodo traería problemas a las personas, porque poco después del anuncio de su compromiso con Sabito, la tragedia volvió a golpear la puerta de Giyuu.

Sabito y Makomo ya no estaban, Urokodaki no pudo soportar pasar más tiempo en el que alguna vez fue el hogar de sus nietos.

No volvió a verlo después del funeral.

En su primer día de trabajo como profesor, encontró a algunos de sus compañeros de colegio. Fuera de Sabito y Makomo no llegó a convivir mucho con los demás, así que eran extraños para Giyuu y estaba seguro, sería mutuo.

Luego, Rengoku insistió en hablarle, siendo un cálido rayo de sol en la tormentosa mente de Giyuu, pero Giyuu sabía lo que pasaba cuando alguien se acercaba más de lo debido a él. Así qué mantuvo su distancia.

Pero Rengoku parecía no entender, siguió invitando a Giyuu a las salidas con los demás profesores, obteniendo siempre negativas.

La personalidad de Rengoku le recordaba a Sabito.

El luto aún no daba fin en la vida de Giyuu y su hermana tan ocupada con su recién nacido hijo, no pudo ser un pilar para su recuperación, pero está bien, se había dicho Giyuu innumerables veces, porque ya había sido una carga para su hermana en el pasado, no lo sería ahora.

Hasta que las cosas explotaron en el segundo aniversario de la muerte de Sabito y Makomo.

Había comenzado como un día normal, más triste que los demás, pero Giyuu podía sobrellevarlo, así que se alistó para ir rumbo al trabajo, no estaba de buen humor, tal vez fue más estricto de lo normal con sus estudiantes, tal vez ignoró las burlas de Shinobu, aún sabiendo que era la única manera de la adolescente para dejar salir un poco de frustración sobre la imagen perfecta que se había obligado a construir.

En el periodo de descanso, Shinazugawa no parecía feliz.

Tal vez Shinagawa también estaba de mal humor, porque le reclamó a Giyuu su falta de atención, Kocho y Rengoku trataron de calmarlo, sin embargo no parecía funcionar, hasta que sin previo aviso, estrelló a Giyuu contra la pared. Sujetando el cuello de su camisa y con ello, la cadena con el anillo de compromiso que le dio Sabito.

—¡...Respóndeme cuando te hablo, maldita sea!

Oh, al soltarlo, la cadena se rompió, el anillo se estrelló contra el piso acompañado de un ruido sordo para Giyuu y el tiempo pareció detenerse cuando Shinazugawa piso el anillo.

Tampoco supo cómo había terminado estrellando a Shinazugawa contra el piso, Giyuu solo procesó las caras de asombro de sus demás compañeros estando a punto de conectar un golpe directo al rostro de Shinazugawa.

Se separó lo más rápido que pudo, recogió el preciado objeto y corrió sin mirar atrás hasta llegar al cementerio, específicamente donde la tumba de Sabito se encontraba, tampoco supo cuánto tiempo estuvo ahí, hasta que una presencia silenciosa aguardo a su lado con calma.

—Lamento mi arrebato, no volverá a pasar.

La presencia guardó silencio por unos minutos.

—Parecía ser importante.

Giyuu nunca creyó escuchar a Rengoku hablar tan bajo y calmado.

—Lo es.

—Lo lamento.

Después de eso no se habló más, ambos parecían absortos en sus pensamientos. Rengoku se mantuvo a su lado hasta que la noche cayó, incluso lo acompañó a su departamento y lo visitó el fin de semana para saber sobre su salud.

—Lamento ser una molestia.

Al terminar de decir eso, Rengoku dejó de moverse, viendo a Giyuu con nada más que sinceridad cuando dijo:

—Nada de ti podría ser una molestia para mí.


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