—A-Cheng...
—A-Cheng...
—A-Cheng, hijo, despierta.
—¿Mm?
El llamado de su nombre más el leve toque en su hombro lo despertó del sueño profundo y comenzó a abrir los ojos.
Parpadeando lentamente se encontró con Lan QiRen cerca de él, al parecer se había quedado dormido en la enfermería.
—Tío, lo siento, me quedé dormido —se disculpó avergonzado.
—No te preocupes por eso, debes de estar exhausto.
Ve a tu habitación para descansar correctamente, yo me quedo con él —Habló refiriéndose a XiChen mientas le ayudaba a levantarse de la silla al lado de la cama donde estaba.
—No hace falta, ya dormí lo suficiente —Negó la propuesta del contrario.
—No contradigas a tu mayor, además quiero pasar tiempo con mi sobrino. Así que ve —mencionó llevándolo a la salida.
—Pero-
—Pero nada, ve, ve, ve —dijo cerrando la puerta, dejándolo fuera.
Con Lan QiRen prácticamente echándolo no le quedó de otra más que ir a su habitación.
Al llegar a esta no se molestó en cambiarse las túnicas sino que simplemente se acostó en su cama. Pero al cabo de un rato se dió cuenta que no iba a poder dormir, así que decidió salir a dar un paseo por la secta.
[...]
Inhalando profundamente, dejó que el aire fresco llenara sus pulmones.
Disfrutando del silencio, apreció el bello paisaje delante de sus ojos que el estar sentado sobre una gran roca le permitía tener.
El ligero aire movía suavemente las flores en el suelo así como las copas de los árboles y algunas ramas que, de vez en cuando, golpeteaban traviesamente la madera o las ventanas de los salones más cercanas a ellos, rompiendo ligeramente el silencio.
Hablando de los salones, estos lucían un color café intenso que resaltaba con el verde encendido que lo rodeaba. Y ni qué decir de su compatibilidad con el cielo.
Ese cielo azul celeste que se alzaba sobre ellos mostrando orgulloso sus blancas nubes de diversas formas.
En conjunto, todo ello ofrecía una vista pacífica, digna de una pintura.
Y aunque de vez en cuando algún discípulo pasaba por los pasillos de ese lugar, lejos de interrumpir la atmósfera, se hacía parte de ella naturalmente.
Ante su vista era como si pequeños pedacitos de nubes —gracias a la vestimenta blanca— vivieran ahí, la montaña estaba tan alta que muchas veces se vería como si estuviera ente ellas.
¡Ese era el encanto de la secta Lan!
Muy diferente del lugar donde venía.
En Yunmeng el cielo se veía tan lejano y en cambio el agua formaba parte de ellos.
Además, el silencio no era muy común, la algarabía y los colores variados y vivaces eran el principal atractivo.
Si bien ambos lugares eran extremadamente hermosos, no se podían comprar de ninguna manera ya que eran totalmente opuestos, no solo por el tipo de territorio sino por los diferentes estilos de vida.
—Los dos tienen su propio encanto —susurró con una pequeña sonrisa inconsciente en su rostro.
¿Quién diría que al llegar pensó en que no podría adaptarse a vivir ahí y en su lugar, moriría lejos de Yunmeng en cuestión de días?
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La obsesión de un Alfa
SonstigesLan XiChen y Jiang Cheng son comprometidos desde niños. XiChen, al no poder escoger su destino, crece teniendo cierta inconformidad al respecto. Por otro lado, Jiang Cheng crece teniendo cierto amor platónico por el contrario. Luego de varias circun...
