En un mundo donde el poder decide quién permanece y quién desaparece, Shahnaz teje su venganza contra la mujer que destruyó su vida, utilizando cada pieza a su favor, incluso a Mehmed, a quien está decidida a llevar al trono.
Porque en el imperio, e...
El viento cálido del Nilo se colaba por las celosías, agitando suavemente los velos color marfil que caían sobre las ventanas. Shahnaz permanecía sentada en su diván, con la carta aún temblando entre sus manos finas. Sus ojos, estaban enrojecidos, como si cada palabra escrita por Hatice fuese un puñal y a la vez un consuelo.
— La Madre Sultana, ha partido con Allah. — dijo finalmente con voz apagada, mirando a su más leal confidente. El dolor ensombrecía su rostro, y apenas lograba mantener la compostura que se esperaba de una princesa otomana.
— Hacı Agha, con el corazón apretado, inclinó la cabeza y respondió en un susurro — Que Allah la tenga en su reino, mi sultana.
Un silencio pesado se instaló en la estancia, roto solo por el lejano canto del muecín. Shahnaz cerró los ojos y, en un hilo de voz, pronunció: — Amén.
El eunuco, siempre atento, intentó devolverla a la realidad: — Sultana, recuerde que tenemos una investigación qué concluir. El Paşa Kemankeş no puede quedar impune, no si lo que hemos descubierto resulta cierto.
Shahnaz apretó la carta contra su pecho, respirando hondo.
—Lo sé, Hacı. Lo sé… — respondió con pesar —. Pero temo que Nergiş lo descubra. Mi hija es inteligente, demasiado para su edad. No tardará en darse cuenta de por qué sus padres duermen en aposentos separados, de por qué la distancia ha congelado lo que antes fue unión.
Un brillo húmedo cruzó sus ojos, que luchaban por no derramarse en lágrimas. Se levantó del asiento con la dignidad que la caracterizaba y caminó hasta la ventana, contemplando el horizonte bañado por el sol que descendía sobre el Nilo.
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— Allah me está poniendo a prueba, Haci. Una tras otra. Espero tener la fuerza para superarlas.
Se giró hacia su fiel servidor y ordenó con voz firme: — Puedes retirarte. Debo escribir mi respuesta a la sultana Hatice.
— Así será, mi sultana. Allah le dará paciencia. —Hacı inclinó la cabeza con reverencia y salió de la estancia.
Shahnaz tomó papel y cálamo, y con la serenidad que tanto le costaba fingir, escribió:
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Carta de Shahnaz a la Sultana Hatice
Querida Sultana, con gran dolor recibo la noticia de la partida de nuestra Sultana. Que Allah la acoja en su reino. No derrame lágrimas por su alma, pues sabemos que ya descansa junto a mi abuelo, el Sultán Selim, y mi madre, la Sultana Aysun. Ellos ahora se reencuentran en la eternidad.