Pasadas unas horas, en el cuadro aparece pintado un amplio y lujoso dormitorio. Se puede apreciar que aparece pintada la pulsera que ha servido de vinculación. Annette se acerca ligeramente al cuadro y lo acaricia suavemente, pero no sucede nada.
—Todavía no funciona porque falta ponerle la piedra de transporte. —Coge una cajita y la abre buscando una piedra en concreto. —De todas maneras... Has dicho que te gustaría volver aquí, para ello tendría que ir yo allí también y ponerle una piedra a algún espejo que tengas, son los objetos más fiables para hacer un tránsito estable.
—Bueno, puedes venir sin problemas a mi casa todo el tiempo que necesites. Si quieres claro. Que he dicho muy entusiasmada de venir aquí siempre que quiera, pero no sé si a vosotros os gustará la idea.
—No te preocupes. Me gustaría seguir viéndote y que me cuentes como es tu mundo. Nadine se pone a trabajar con los pendientes para cambiarles las gemas y así poder usarlos como canalizador. —Se levanta y busca un espejo entre todos los objetos del almacén.
Coge uno de tamaño grande y lo limpia con un paño. Empieza a trabajar en él para ponerle uno de los pendientes con la nueva gema. Una vez que ha acabado con todo, se lleva el espejo a la planta superior. Annette la sigue con curiosidad escaleras arriba. El piso de arriba es en realidad una casa, consta de una habitación, una cocina y un baño. Es más austera que la de Agnes y todos los armarios tienen el tallaje algo pobre.
—¿Haces tú los muebles de toda la aldea?
—Sí, antes también hacía encargos a pueblos y aldeas cercanas. —Coloca el espejo en la habitación y se gira para salir. —Bueno, vamos a tu habitación para poder poner el otro pendiente y así tener el portal acabado.
***
Tocan el cuadro esperando que vibre la imagen y entonces lo atraviesan sintiendo un cosquilleo por todo el cuerpo. Nadine observa con calma el aposento. Es completamente diferente a las estancias de la aldea, tanto en amplitud como en la cantidad de objetos que lo decoran.
—Vaya, así que así es una habitación de la nobleza. —Abre sus ojos aún más al percatarse de que tanto las paredes como el techo están pintados con recreaciones de cuadros. —Veo que te gusta el arte, ¿por eso fuiste a ese almacén y te caíste en el cuadro?
—Sí, me gusta muchísimo, me encantaría poder pintar obras de arte como éstas algún día.
La puerta de la habitación se abre interrumpiendo la conversación. Una doncella cruza la puerta y nada más entrar se percata que está Annette de regreso, aunque con todo el vestido y el pelo desarreglado.
—¡Señorita Annette! ¿Cuándo ha vuelto? Déjeme ayudarle a cambiarse, de hecho, prepararé un baño. Será lo mejor. También avisaré a sus padres que ha regresado.
Nadine tuerce un poco el morro y carraspea. Saluda con la mano a la doncella y espera con curiosidad su reacción. Ésta se sonroja a más no poder y pide repetidas veces perdón. Después sale corriendo de la habitación mientras murmura que hay otra chica allí.
—¿Qué le ha pasado? ¿No es habitual que traigas gente a tu habitación? —Nadine desconcertada se gira hacia Annette buscando una respuesta.
—Es que Juliana acaba de empezar a trabajar aquí y la pobre aún no sabe el protocolo. A mí eso me da igual la verdad, me es muy cómodo tratar con ella. Pero creo que nunca pensaría que la primera persona que vendría a mis aposentos sería una chica. —Annette se va sonrojando un poquito más a cada palabra que formula.
Nadine entendiendo la situación y lo que puede llegar a parecer también se sonroja.
—Bueno... Creo que Juliana te iba a preparar un baño. Yo me pondré a hacer el portal con tu espejo si no te parece mal, claro.
—Sin problemas, si quieres también puedes bañarte. No tiene por qué ser las dos juntas, pero bueno que si quieres por favor dilo y se te prepara, el baño.
Nadine asiente con la cabeza y se acerca al espejo. Saca sus herramientas y el otro par del pendiente. Empieza a trabajar en el marco para hacerle un hueco a la gema cuando vuelven a abrir la puerta.
Los padres de Annette irrumpen en la habitación seguidos de la doncella. Ven a ambas muchachas sonrojadas y a Annette increíblemente desaliñada.
—No sé qué es lo que está pasando aquí la verdad. Para empezar, ¿dónde estabas?,
¿por qué has tardado tanto en volver?, deberías arreglarte y —El padre se gira a mirar a Nadine —¿Quién es esa chica y qué está haciendo con el espejo?
—Fui al almacén, me caí en un cuadro y acabé en la aldea de Nadine. Ha conseguido traerme de vuelta con un cuadro y ahora está usando el mío para poder volver a casa.
Su madre avanza hacia su hija con pasos firmes y cara de indignación.
—Ha ido el señorito Silvain a buscarte a ese dichoso almacén y como no ha encontrado ningún rastro de ti, han decidido cerrarlo para siempre. Sí, han roto todos los portales a ese almacén.
—Madre, ¿podemos discutirlo en otro sitio? Nadine, tómate tu tiempo en acabar el portal, ¿de acuerdo? En seguida vuelvo. —Se le resbalan un par de lágrimas por la mejilla mientras sale de la habitación con decisión.
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Un accidente afortunado
RomanceAnnette Deroux, una joven noble apasionada por el arte, descubre un cuadro mágico que la transporta a un mundo desconocido. En su búsqueda por regresar a casa, se une a Nadine, una talentosa carpintera, y juntas enfrentan desafíos que las llevan a c...
