Dan un paseo por los terrenos de la familia Deroux mientras Annette cuenta algo de la historia de sus antepasados o alguna anécdota de cuando era pequeña.
Su padre las observa desde un balcón y sonríe. Nunca había visto a su hija tan a gusto con alguien y tan feliz. Disfruta de la vista y suspira. No sabe cómo reaccionará su esposa ante la idea que tiene en la cabeza. Sólo sabe que quiere que su hija sea feliz y disfrute de la vida.
Según se va acercando el mediodía se nota más barullo en la mansión. Juliana busca a la pareja para escoltarles hasta el comedor. Hace una reverencia y se despide. Cruzan la puerta y Nadine observa con detenimiento mientras se sienta donde le indica Annette.
—Vaya, pensé que sería más grande.
—Oh, este es el comedor familiar. Aquí solemos comer solo nosotros. Cuando tenemos visita vamos al comedor grande, que es más vistoso. Pero por algún motivo hoy comeremos aquí.
—Nadine toquetea todos los cubiertos para apreciar sus diferencias, Annette le explica para qué es cada uno y si duda le recomienda fijarse en ella para ver cual escoge.
Los barones llegan al comedor y se sientan. Los sirvientes van trayendo y llevando platos según van comiendo. Nadine observa de reojo a Annette a ver que cubierto escoge.
—Muchacha, ¿Nadine te llamabas no? No te preocupes tanto por los cubiertos, no te vamos a exigir un protocolo. —El padre sonríe mientras la observa con curiosidad. —Cuéntame un poco de ti, que aún no hemos podido hablar con tranquilidad.
—Sí, claro. Esto... Vengo de la aldea Le-flou y me dedico a la carpintería, hago todo tipo de muebles y les engasto las piedras para darles propiedades, tal y como he hecho con el cuadro para venir aquí y con los espejos para mantener el contacto. Realmente no hay mucho más que contar de mí...
—Le-flou me suena... Creo que antes los comerciantes pasaban por allí. Hasta que algún noble cambió su residencia y cogieron otra ruta.
—Así es. A partir de ese momento dejamos de comerciar con las aldeas colindantes y yo personalmente me dediqué a hacer los muebles sólo para la aldea. Fue un golpe para nuestra economía, pero ya nos hemos habituado y salimos bien para adelante.
—Parece que sabes bastante de política y economía. ¿Quién te ha enseñado? —La baronesa pregunta con un ligero desdén, aunque se la ve interesada en lo que cuenta Nadine.
—En la escuela de la aldea se enseña principalmente los oficios y cómo funciona de forma básica la política y la economía para que estemos preparados de adultos. Aunque los conocimientos los hemos obtenido a base de practicar e informarnos preguntando a los visitantes. Supongo que el vivir esa experiencia es lo que nos da el conocimiento.
El señor Deroux asiente con aprobación. Mira a Annette y la ve sonreír como nunca.
Suspira de nuevo.
—Bueno, sé cómo os habéis conocido. Un accidente bastante afortunado, me gusta esta chica. —Reafirma con un gesto de cabeza.
Annette se sorprende por las palabras de su padre y capta lo que quiere decir con sólo mirarle.
—¿Y qué planes de futuro tenéis? Supongo Nadine que tú seguirás haciendo muebles. Estaría bien que se retomase el comercio por vuestra aldea. Y tú, hija. ¿Ya has pensado qué quieres hacer?
—Nos sería de gran ayuda poder volver a comerciar, pero tampoco quiero causarle ningún problema barón.
—Eso no es ningún problema. Ya me enseñarás tus trabajos y veré a quién puede interesarle lo que ofrece tu aldea para crear de nuevo una ruta comercial. —Vuelve la mirada a su hija para ver qué responde a la pregunta que le ha hecho.
—Pues aún tengo que pensarlo con calma, pero sé que va a ser algo relacionado con la pintura, además me encantaría conocer más sobre Nadine y su estilo de vida. —La mira a los ojos y se dan dulcemente la mano.
—Bueno hija, en vista que no vas a casarte con quien te digamos, no puedo hacer más. Espero que encuentres un buen marido pronto, recuerda que no dejas de ser noble.
—Querida, creo que nunca va tener un marido, pero no te preocupes, se acabará casando y será feliz. Al fin y al cabo, es lo que queríamos para nuestra hija, ¿no es así?
La baronesa se fija en las manos entrelazadas de su hija y la carpintera. Entiende la situación sorprendida, se queda pensativa.
—Annette, la decisión está tomada. Tal y como hemos hablado tendrás que valorar el matrimonio y no tardando. Te apoyaremos y te ayudaremos con tu proyecto siempre y cuando vea que cumples con tu parte. Por otro lado, señorita Nadine. —Tras observar de nuevo las manos de las muchachas y una breve pausa, continúa. —Viendo que mi marido considera que es beneficioso retomar el comercio con tu aldea, te ayudaremos. Espero que estés a la altura de las expectativas.
El barón asiente sonriendo y se dirige por última vez a Nadine.
—Espero que cuides de mi hija cuando esté contigo, es algo impulsiva, pero de buen corazón.
Ambas sonríen y terminan de comer. Los barones salen del comedor después de despedirse. Annette corre hacia sus aposentos y atraviesa el espejo mientras se le escapan unas pocas lágrimas de felicidad.
FIN
ESTÁS LEYENDO
Un accidente afortunado
RomantikAnnette Deroux, una joven noble apasionada por el arte, descubre un cuadro mágico que la transporta a un mundo desconocido. En su búsqueda por regresar a casa, se une a Nadine, una talentosa carpintera, y juntas enfrentan desafíos que las llevan a c...
