Después de la caída en el almacén, Annette abre los ojos y se encuentra en un páramo que no conoce. Desorientada se levanta y sacude su vestido de gala mientras contempla detenidamente el lugar. Se da cuenta que no hay ningún cuadro para atravesarlo y poder volver al almacén. Angustiada al no encontrar una manera de regresar empieza a caminar por el campo.
Según avanza, su nerviosismo crece hasta que encuentra una aldea. Corre hacia unas casas y toca la primera puerta. Al no recibir respuesta, llama con más énfasis.
—¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡Necesito ayuda! —Apenas empieza a hablar cuando oye unos pasos.
—¡Ya voy! ¿Qué pasa? —Se abre a puerta y aparece una señora bajita con pelo canoso. —¿Quién eres? Vas vestida muy elegante así que no eres de por aquí. ¿Te has perdido muchacha? —La ancianita que se le ha acercado le hace señas para que le siga.
Le ofrece asiento y una taza con sopa calentita.
—Cuéntame, ¿cómo has llegado hasta aquí?
—Pues... va a sonar raro, pero es que me he caído en un cuadro y he acabado aquí. — Se sonroja mientras baja la mirada y arruga el vestido mientras lo agarra con fuerza.
—Oh muchachilla. Tendré que hablar con Nadine, para ver si puede hacer algún transportador. Aunque ya es de noche. Lo mejor será que duermas aquí y mañana vemos cómo solucionar esto. No te preocupes por nada y descansa. Por cierto, mi nombre es Agnes.
—Oh por favor, que descuido el mío, mi nombre es Annette Deroux, hija del barón Louis Deroux. —Hace una reverencia mientras se presenta. —No querría ser una molestia de verdad.
—Ahora mismo te preparo una habitación. Es mejor que descansemos ahora a la noche que andar molestando al resto del pueblo.
Annette asiente con la cabeza y sigue a Agnes escaleras arriba. La habitación no es muy grande y la cama muchísimo menos. Da las gracias y se acuesta deseando que al día siguiente se solucione todo y pueda regresar a casa.
***
Pasan las horas en el salón y la gente se va marchando. El barón Deroux busca a Annette, pero no es capaz de encontrarla.
—Barón. —Silvain se reverencia levemente a modo de saludo. —He visto dirigirse a su hija al almacén de los cuadros olvidados. Una vez dentro, la he perdido. Estaba todo bastante desordenado y algunos pasillos estaban inaccesibles. Si a lo largo de la noche no aparece mandaré guardias en su busca.
—Marqués. —El barón le devuelve la reverencia, solo que está algo más pronunciada.
—Muchas gracias por la información. Entonces no tengo de que preocuparme, sé que está en buenas manos su seguridad. Siento las molestias que le haya podido causar mi hija. —Acto seguido se despide y se dirige junto a su mujer al carromato para volver a casa.
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Un accidente afortunado
RomanceAnnette Deroux, una joven noble apasionada por el arte, descubre un cuadro mágico que la transporta a un mundo desconocido. En su búsqueda por regresar a casa, se une a Nadine, una talentosa carpintera, y juntas enfrentan desafíos que las llevan a c...
