Capítulo 4

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Lizz

—Feliz cumpleaños, Molly.

—Cumplo ocho años, soy casi una adolescente, ¿verdad? —pregunta, luego de tragar un pedazo de panqueques.

Otra vez con ser adolescente, no puedo negar que yo también tenía esa fantasía a su edad. Pero ser niña... viéndolo ahora no era tan malo. Me siento en la silla, acompañándola en el desayuno.

—¿No tienes otro sueño?

—Si lo tengo, pero es un secreto —Hace un ademán, con una pequeña sonrisa.

—Espero que ese sueño no sea permanecer despierta hasta media noche.

—Me da sueño antes de esa hora, y ese no es.

Niega con la cabeza.

Continuamos desayunando. La imaginación de Molly siempre sería algo que nunca dejaría de sorprenderme. De camino a su colegio saludaba a todas las personas que se le cruzaban por delante, era divertido ver cómo las personas le miraban con adoración. Ingresa a su escuela, y no podía quitarme de la cabeza esa ilusión en su mirada al preguntarme si le prepararía uno de sus pasteles favoritos de chocolate.

Estaba apurada, necesitaba ir a la universidad y quedarme mínimo unas horas en la biblioteca, mientras esperaba la primera clase de la semana. Por suerte cerca de la universidad estaban abiertas esas tiendas de conveniencia, podía comprar los ingredientes ahí, después de terminar las cosas que tenía pendientes.

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Entro en la tienda y lo primero que veo eran premezclas, me sentí tentada un momento, pero Molly sabía perfectamente cómo era el sabor del pastel que yo preparo y tampoco podía poner tan poco esfuerzo en su cumpleaños.

—Lizz, ¿eres tú? —pregunta, una voz conocida.

—¿Zoé? —respondo, luego de haber volteado a la mención de mi nombre.

—¡Sí eres tú! Creí que me había vuelto loca como dice Gael —lo dice con una risa, tenía en las manos una bolsa con varios globos de colores—. No sabía que vivías por aquí. Entonces somos como vecinas.

—Perdón, yo no vivo por acá. Vengo por la universidad.

—Estudias en... —menciona su nombre.

—Sí esa es —respondo, volviendo a ver los ingredientes.

Sorpresivamente siento como rodea sus brazos por mis hombros, apretujándome, pero sin llegar a dañarme.

—¡Lizz, entonces sí somos casi vecinas! ¡Yo también estudio ahí! —grita para después soltarme, permaneciendo esa resplandeciente sonrisa en su rostro—. Gastronomía, esa es mi carrera.

Se desilusiona un poco luego de escuchar mi carrera.

—Vaya, seguramente no compartimos ninguna materia. Aunque vecinas al fin al cabo.

Realmente desde la noche del karaoke no había vuelto a conversar con ninguno de los amigos de Ian, no era porque no me agradaran. No había pedido el número a ninguno, por pena quizá, del trabajo complicado se encargó Leslie. Igual tampoco les iba a escribir para decir solo hola y olvidarme de su existencia luego de cinco minutos, eso era grosero.

—¿Celebraran algo? Veo que tienes las manos llenas de globos.

Sí, ese era mi intento de mantener una conversación. Aferrarme a cualquier cosa de la que se pudiera hablar.

En aquel entonces(EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora