Una Otaku que murió, le dan una oportunidad para poder reencarnar de nuevo en el lugar que ella quisiera, eso fue en su anime favorito Hunter x Hunter.
Pero a pesar de que esta en su anime favorita , este tiene un ligero cambio, el cual es que en es...
En mi opinión, es de las más sencillas... siempre y cuando sepas cocinar. Y ahí está el problema. La mayoría de los idiotas que están aquí no distinguen entre asar algo y carbonizarlo.
Y si mi memoria no falla, van a empezar a criticar a los Cazadores Gourmet, especialmente a Menchi, hasta hacerla enfurecer lo suficiente como para arruinar el examen antes de que llegue el presidente.
Crucé los brazos, pensativa.
Tengo tres opciones.
Primera: hacerlo perfecto desde el inicio, pasar sin complicaciones... y quizá darle un buen golpe a ese tal Todo cuando empiece a despotricar.
Segunda: hacerlo mal a propósito y saltar con los demás al desfiladero por los huevos de águila araña.
Tercera: hacerlo bien... y aun así saltar por diversión.
"Decisiones, decisiones..." pensé, divertida.
Tan metida estaba en mis pensamientos que cuando volví en mí, el caos ya había ocurrido. Los insultos, la indignación, la furia de Menchi... todo.
—Perdón, me perdí en el sendero de mis pensamientos —respondí con una sonrisa ligera—. Pero ya me voy a traer el cerdo carnívoro. Adiós.
Y me fui como si nada.
Sentí sus miradas sorprendidas clavadas en mi espalda.
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El bosque era un desastre.
Los aspirantes ya habían provocado a los cerdos y el suelo parecía un campo de batalla improvisado.
Suspiré.
Con una pequeña sonrisa, silbé suavemente.
Uno de los cerdos levantó la cabeza.
Me miró.
Y cargó.
En el último segundo hice un giro ágil, impulsándome en el aire hasta quedar sobre su lomo. El movimiento fue limpio, calculado. De mi abrigo saqué una de mis armas ocultas y apunté con precisión.
Un disparo certero en la frente.
El animal cayó al instante.
"Qué sencillo", pensé, casi bostezando.
Bajé con tranquilidad y lo cargué sin demasiado esfuerzo. A lo lejos escuché la voz emocionada de Gon gritar que el punto débil era la frente.
Sonreí.
Gon es un ángel. Un pequeño fragmento de luz en medio de todo este caos.
Y voy a protegerlo.
A toda costa evitaré que lo de las Hormigas Quimera ocurra. No permitiré que Kaito muera. No permitiré que mi pequeño sol cargue con ese dolor.
Pero eso será más adelante.
Ahora toca cocinar.
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Regresé con los examinadores y comencé a preparar mi plato. A mi alrededor, la mayoría simplemente había arrojado la carne al fuego sin criterio alguno.
Suspiré.
Los únicos que realmente estaban cocinando eran Daiki y Naoko. Y eso solo porque prácticamente los obligué a aprender.
El aroma empezó a elevarse en el aire.
Control del fuego. Corte adecuado. Sazonado equilibrado.
Simple.
Cuando llegó mi turno, avancé con calma y coloqué el plato frente a Menchi y Buhara.
Menchi probó un bocado.
Luego otro.
Sus ojos se iluminaron.
—Esto está delicioso.
Buhara asintió mientras terminaba el plato.
—Tiene razón.
—Gracias —respondí con una pequeña inclinación de cabeza—. Es mi especialidad: cerdo picante al estilo Cassano.
Ambos levantaron sus palos mostrando el lado verde.
—Pasas.
Sonreí con cierta arrogancia mientras regresaba junto a Daiki y Naoko.
Daiki me sacó la lengua como siempre.
Naoko le dio un golpe en la cabeza.
Rodé los ojos y me dirigí hacia Gon y los demás, que me felicitaron con entusiasmo. Poco después, también pasaron Daiki y Naoko.
Sabía que obligarlos a estudiar cocina daría frutos.
Mientras el resto protestaba por lo "injusto" del resultado, sentí algo.
Una presencia.
Antigua.
Poderosa.
Viniendo desde el cielo.
Mis ojos se alzaron un segundo antes que los demás.
—Muévanse —dije con calma, empujando suavemente a los chicos hacia un lado.
Me miraron confundidos.
Les sonreí y señalé hacia arriba.
Alzaron la vista justo cuando una figura descendía con velocidad, impactando el suelo con un estruendo que hizo temblar la tierra.
El presidente había llegado.
Netero estaba frente a nosotros.
Y la verdadera segunda fase... estaba por comenzar.