Capítulo 39

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=====«Solo tú, Daniel»=====


Sofía

Bajo el agua tibia de la ducha, mi cabeza comienza a sentirse ligera, después del huracán  de emociones que me produjo el enfrentamiento con Daniel. Me quedo aquí recibiendo la lluvia tibia que me ayuda a relajar los músculos, a dejar de pensar, de doler, de celar. Los celos me estaban destrozando, carcomiendo desde que lo vi con ella. Gracias a Dios y por mi estabilidad emocional hemos aclarado todo, bueno no todo; no obstante, ya es un peso menos en mi pecho.

Termino de ducharme, abro el closet y efectivamente mi ropa está aquí, me decido por un pantalón de chandal y un suéter con mangas tres cuartos, me peino y una vez lista salgo de la habitación.

Avanzo por un pasillo cuyas paredes de vidrio dan vista al exterior, mis pasos me llevan a la escalera,  bajo lentamente y llego al primer nivel y se presenta  ante mi una hermosa sala con muebles modernos en color blanco arena, una gran ventana de techo a piso por donde se puede ver un jardín y escuchar el romper de las olas.

A la derecha frente a los muebles una chimenea, giró a la izquierda y está la gran cocina donde Daniel está preparando la cena, me acerco y me siento en un banco junto al mesón.

Daniel tiene el ceño fruncido, atento a lo que tiene en la sartén, como si se tomara muy en serio su papel de chef, pero cuando fija sus azules en mi, su semblante cambia. Me muestra una sonrisa que llega perfectamente a sus ojos haciéndolos brillar y esa, esa simple visión me acelera las pulsaciones.

—Ya casi está lista la cena.

—A ver y ¿Qué vamos a comer?

—Pechuga de Pollo a la plancha, ensalada y como premio papas fritas con ketchup —Todavía recuerda que me encantan las papas fritas. Recuerdo que se le da bien cocinar y le sonrío y más que una sonrisa es una mueca y se da cuenta.

—Sigues molesta —Más que una pregunta es una afirmación.

—Sabes bien por lo que pasé, solo a ti se te ocurre tal cosa.

—Disculpa por eso, en realidad me propusieron esa idea y como te negabas a hablar conmigo, no pude rechazarla.

—¿Y quién fue el otro cómplice de esa gran idea?

—Fueron, sería la palabra correcta, Gustavo y su prometida.

—Si pudiera los enterraría a todos.

—Te oyes sanguinaria. En todo caso a mí me entierras tu sabes donde. —Su sonrisa retorcida, sus ojos se oscurecen y su mirada se vuelve lujuriosa. Ruedo los ojos pensando que el muy pervertido está igual que yo. Tiene un largo y ardiente verano.

Me sirve la cena con una enorme copa de jugo de fresa, comienzo a comer, de verdad estoy famélica y lo hacemos en silencio, pero es un silencio ligero, que no pesa, a pesar de que todavía quedan muchas cosas por decir. Como si cada quien estuviera reflexionando sobre lo que nos dijimos y sobre las palabras que quedaron por pronunciar.

Ayudo lavando los platos, volteo y está ahí apoyado en el mesón, observándome. No se qué hacer, no se qué decir, así que, decido ir a dormir.

—Yo, me voy a la habitación, hasta mañana Daniel.

—Hasta mañana, Nena. — Su voz y su mirada triste me apuñalan. Sé que todo esto es porque me quiere en su vida, pero  no sé cómo volver.

No he podido conciliar el sueño. No dejo de pensar en que Daniel y yo estamos durmiendo en habitaciones separadas como si fuéramos  extraños.

      «Puta madre»

Después de dar vueltas y vueltas en la cama y reflexionando en que  debo tomar una decisión me pude quedar dormida.

Te Quiero De Vuelta (En Edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora