Capítulo 40

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===«Azotes y más azotes»===


Sofia

Llegamos a casa, el cómodo sofá nos invita a acurrucarnos en el. Hablamos sin prisa, sin mentiras, sin ocultarnos secretos, sin dejar de tocarnos porque la necesidad de reconocernos, de pertenecer es más fuerte.

—Sofi, quiero  disculparme por no haberte encontrado a tiempo.

—¿A tiempo? —¿Se refiere a lo del secuestro?, me pregunto.

—Cuando llegamos al lugar, a esa vieja casa, solo encontramos los aretes.

—¿Los aretes? Oh, los recuerdo. Debió  quitarmelos cuando estaba inconciente.

—Si no te lo hubiesen quitado esa misma noche te habría encontrado.

—¡¿Qué?!  No entiendo. —Me muevo para verlo de frente.

—Los aretes tenían un localizador, se lo coloqué porque ya había recibido los mensajes de Damián. Naty también tenía uno.

—¿Por qué ocultarme eso?

—Porque. . .porque  hubiese tenido que explicarte quien era Damián y  hablarte de un pasado que no recordabas.

—Tanto cuidarme, igual recordé y de la peor manera —Me abraza, escondo mi cara en su pecho—, al menos ese sujeto no  hará más daño.

—Si. Sentí terror al verte en aquel estado ¿Sabes?

—Dan, él me . . .—la voz me tiembla y pone su dedo índice en mis labios.

—Shss. Sé lo que hizo y lo siento tanto, Sofi. Siento que hayas tenido que pasar por ello. —se lamenta —. Eres fuerte, cariño, otra en tu lugar. . .

—No me sentía fuerte, Daniel.

—No te sentías fuerte porque te estabas rompiendo, —aclara—, pero cuando todo pasa y logras reconstruirte, te das cuenta de lo fuerte que eres, porque te reconstruyes tan bien, que te vuelves una mejor versión de ti misma. —desarrolla su argumento, de una manera que no me queda duda.

—Pero no sé si pueda estar contigo, no sé si en el momento. . . — No había pensado en eso y  ¿Si no  puedo reaccionar como él espera?

—Sofi, si tengo que esperar, esperaré, pase lo que pase ahí estaré, el amor que siento por ti no depende solo de eso, lo nuestro es más que deseo carnal;  aunque, debo reconocer que estar entre tus piernas no se compara con nada, es el puto paraíso y el puto infierno al mismo tiempo —Y lo dice con una picardía. Enderezo mi espalda y miro su rostro.

—¡Dan!, esas terapias no te quitaron lo pervertido, sigues siendo igual. —Ups, sus ojos se abren más de lo normal y su mandíbula desencajada me indican que hable de más.

—¿Cómo sabes. . . ?

—Un pajarito me lo dijo, por eso me sentía mal, si, se que suena egoísta.  Pensé que las tomaste porque querías olvidarme y cuando te vi con esa chica. . .

—Loquita, las terapias las tomé porque me sentí culpable; además, el psiquiatra me diagnosticó dependencia emocional hacia ti. Al tenerte de nuevo, sumado el  secuestro, la dependencia empeoró y  eso no era sano  por lo que tuve que trabajar en ello. Ahora te amo más, pero sin traumas —Me vuelve a abrazar, se me sale un suspiro y se me viene una pregunta a la cabeza.

—Dan, el tiempo que estuve en España ¿Hubo otra mujer? —Qué ganas  de torturarme, soy masoquista.

—Los primeros meses parecía un monje hasta Gustavo se burlaba de mí, pero después del año, si; sin embargo, eran solo casuales. Trataba de sentir algo cuando estaba con ellas; no obstante, solo te veía a ti, tu rostro, sobre todo tus ojos. Entonces quedaba de mal humos porque ninguna eras tú.

Te Quiero De Vuelta (En Edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora