Capítulo 48

46 1 0
                                        

====«Tres en la ecuación»====

Sofia

—Vamos dormilona, tienes que comer.

Abro mis ojos, siento mis párpados pesados por el sueño, Dan no deja de darme besos y mordidas suaves por mi cuello, ronroneo como  gata y escucho su risita.

—Buen día, amor —mi voz sale rasposa.

—Buen día, cielo, vamos nos pasamos el desayuno.

—¿Qué hora es? ¿Por qué dormí tanto?

—No te quise despertar, ven para que comas algo —Me levanto y me doy una ducha, Daniel está esperando con la bandeja de comida en la terraza.

—Oh, vaya, esto se ve rico.

—Especialmente para ti —Ensalada, jamón, quesos, frutas y tostadas. Me llevo un trozo de jamón a la boca, mi estómago se revuelve y no aguanto, Daniel me mira confundido, salgo corriendo para el baño y vómito. Daniel me sigue y me sostiene el cabello y yo no dejo de emitir arcadas, hasta que no tengo nada más que expulsar.  Lavo mi rostro lleno de lágrimas y cepillo mis dientes.

—¿Sofi que tienes? —indaga ya preocupado.

—No sé, solo me dio náuseas el jamón

—Pero el jamón no está dañado.

—Se me revolvió el estómago, debe ser algo que comí en la fiesta y me cayó mal. —justifico.

—¿Quieres ir al médico?

—No amor, ya se me pasará.

—¿Segura, cariño? —Genial ahora está preocupado.

—Si, mi amor, tranquilo, pasará.

No como el jamón, ni siquiera lo miro, pero el resto de la comida la estoy devorando y  siempre bajo la mirada de Daniel.

Después del desayuno damos un paseo por la playa, nos bañamos, disfrutamos de sus cálidas aguas, aprovechamos que estamos solos y. . .Ya saben lo que ocurrió.

Llegamos a casa y parecemos conejos donde nos dan las ganas, nos las quitamos; en la cocina, el salón, la piscina. ¡Uff y más uff.?

—Estás insaciable, amor —exclama sorprendido.

—No sé que me pasa, lo que quiero es estar contigo todo el tiempo. —Mi vergüenza tiene mis mejillas ardiendo.

—A mí no me molesta me encanta. —sonríe con brillo en sus ojos.

—Claro que no te molesta, tú también estás igual.

Así pasamos los días, ya cumplimos una semana, yo sigo aborreciendo el jamón y dándome gusto con el queso, el café también me causa náuseas y Dan ya comienza a verme extraño, como si estuviera tratando de ver  en mi interior.

—¿Te gusta éste? —La mirada de Dan es intensa, profunda, lujuriosa. Escanea mi cuerpo  de pies a cabeza, sin embargo se detiene en mis pechos. El bañador me queda espectacular, es de dos piezas en color negro, resalta mi piel, es diminuto, mis pechos se ven más grandes y están sensible gracias a la lujuria de Daniel.

—Te ves, te ves,  preciosa, creo que es mejor que nos quedemos aquí en la piscina. —Junto mis cejas.

—¿Por qué?

—No quiero pelearme con cada hombre que te vea.— Su ceño está fruncido y  su mandíbula tensa ¡Madre mía! Qué celoso me resultó.

—Por Dios, Dan. . .—Me voy hacia los lados, mi cabeza se ha convertido en un carrusel, un horrible mareo me invade sin piedad.

Te Quiero De Vuelta (En Edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora