Advertencia: —Narrado en tercera persona. —Johan x Fem!oc. —Sin relación en el Webtoon. —OS no tan extenso (600 palabras máximas)
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Johan no era la persona más cariñosa del mundo, con suerte podía mantener la vista a alguien, claro, si no fuese alguna pelea o similar que deba salvarse.
Pero ¿mirar a una persona a los ojos? No, le causaba mucha timidez que se retraía en dónde estuviese. Realmente, no tenía apego a nadie.
Más allá de Miro y Edén. Él y los seres humanos jamás serían buenos apegos.
Aun así. Pese a tanto sentimiento negativo que poseía por experiencias de su vida, había una persona que logró quitar todas esas capas de dolor, tristeza y olvidando un antiguo amor.
¿Demoro muchísimo?, sí, el tiempo fue lento, sin embargo, fue lo suficiente para que Johan se ablandara con Yuki. Logrando mostrarse vulnerable y sumamente adorable —por qué lo es—, así tal el proceso que lograron formalizar.
Ser novios no se veía tan mal en los pensamientos del castaño.
Fue sorprendente cuando ella le pidió ser su novio, cosa que le hubiera gustado que fuese al revés, aun así, jamás se negó a esa pregunta que aceptó. Tímidamente, pero lo hizo.
Y su noviazgo ya se prolongó por varios meses. Seis para ser exactos.
Seis meses que hubo tantos altibajos, pero la felicidad que tenía del uno al otro valía la pena poder destruir cada mínimo obstáculo. Uno más violento que otro.
Ahora mismo, su felicidad mutua se centraba en el hogar de la fémina, quien estaba recostada en su cama con tranquilidad, sintiendo el peso de su novio en su pecho, sonrojada, empezó a reír, se veía adorable apoyado ahí mientras su larga y bien cuidada cabellera tapaba sus ojos. Logrando eso que aumentará de ternura.
Sus dedos largos pasaron por su cabeza, rascando tierno su cráneo con las yemas de sus dedos; dando esos mimos que tanto amaba. Johan, satisfecho por el cariño, cerró sus ojos disfrutando completamente las caricias que siempre pedía cuando tenía la buena oportunidad.
—Te pareces a un cachorro, Johan.
—Calla. Sigue dándome mimos. —argumentó tosco a la femenina, pero era la fachada, realmente se sentía avergonzado por sus palabras. —Se siente bien.
—Eso es bueno, Johan. Dime, ¿quieres más mimos?
Cómo niño pequeño, movió su cabeza encima de su pecho, dándole consentimiento de más mimos.
Yuki sonrió por eso que rápidamente actuó, alejó su mano de la cabeza de Johan para tomarlo cuidadosamente desde su rostro con ambas falanges y alzó su vista, mordió su labio inferior al ver su expresión somnolienta con un ligero sonrojo en sus mejillas, ese castaño cabello tapa sus lindos ojos dejándolo con leves aberturas. Se agachó cómo pudo hasta su rostro hermoso.
Y empezó la diversión.
Besó dulcemente sus labios antes de pasarlo a sus mejillas que dejo un pico corto, bajó a su mandíbula dejando un hilo de besos hasta llegar a sus maxilares y subió a sus pómulos, cuál besó con más deseo, pasó a sus párpados cerrados y en su entrecejo, llegando a la frente dejó ahí una cantidad excesiva de besos. Johan, por su parte, gozaba de tal amor sincero que Yuki le ofrecía.
Tomó con posesión de sus labios cuando se unieron a los suyos, empezando a moverlos con lentitud mientras se acomodaban mejor en la cama, quedando él encima de ella, dejándola presa entre sus brazos. Se separó sonriente, notando el sonrojo de las mejillas de su novia y besó estás de forma húmeda, dejando un rastro de saliva.
—Demasiado adorable.
—Ay, ya calla Johan.
—Ahora quién se avergüenza.
Carcajeo y recibió un golpe ligero en su pecho como respuesta, negó leve antes de volver a besarla con más tranquilidad.
Sus labios eran su adicción.
Pero Johan, tenía algo peor que sus labios —pasa a segunda adicción—. Es adicto a los mimos de su novia y es algo que tendrá hasta los últimos días de su (no tan) jodida vida.