El fin de semana pasó más rápido de lo que esperaba, no me enseñó un cuarto rojo con látigos en las paredes o mesas de Kama-sutra... me enseñó Colombia. Solo las partes que ella quería que viera, incluso no nos dio mucho tiempo, solo fue un fin de semana. Según ella, hay lugares riquísimos para comer y un montón de cosas para hacer, y prometió traerme de vuelta otra vez.
Mi fantasía de encontrarme con un Christian Grey, fue debidamente descartada cuando no pasó nada más que aquello antes de llegar a Colombia. Tan siquiera dormíamos juntas, no pude ver su pecho desnudo o un beso, aunque fuese de lejos. No me puedo quejar, fue lo que firmé. Creo que me quiere más de compañía que para otra cosa y para mí está bien, no del todo, pero bien.
Llegué a la oficina con un leve bronceado, Yelena me había fulminado con la mirada cuando tan siquiera había llegado bien al edificio. Al sentarme en el escritorio había una pequeña caja de color negro con un lazó rojo perfectamente hecho. Tenía mi nombre en su puño y letra. Al abrir la caja me ruboricé, miré a todos lados a ver si estaba escondida en algún lugar, pero aún no llegaba.
Wanda:
Tienes como deber ponerte esto, al momento que llegues a la oficina. Tengo el control remoto. Me gustaría verte esta noche.
Hasta entonces,
Natasha.
Pegué la tarjeta a mi nariz, ese olor me volvía loca. ¿Cómo demonios quiere que me ponga esto sin las instrucciones? Al tomar el juguete, un pequeño panfleto quedó visible. Debía introducirlo mientras mi pareja/no mi pareja tenía el mando del aparato. Esto no pinta bien y mucho menos en la oficina.
Obedientemente fui directo al baño, haciendo lo que las instrucciones decían. Un pequeño gemido se escapó al introducirlo, había pasado mucho tiempo desde que había hecho este tipo de cosas. Mi cuerpo pedía este tipo de acción a gritos, pero ella solo tenía planes de torturarme con "the butterfly effect".
Guardé la caja en mi bolso, sentándome a hacer las llamadas y pendientes del día. En medio de una llamada el juguete se encendió, haciendo que gritara en el teléfono.
- No, disculpe, se me derramó el café caliente. Le indico a la señorita Romanoff para que le devuelva la llamada. Buen día -enganché el teléfono mientras seguía vibrando, mordí mi dedo y cuando ya podía sentirme libre, se apagó.
- Buenos días, señorita Maximoff.
Pasó a mi lado sin detenerse, pero podía notar en su mirada fría, calculadora y de cínica que eso era lo que quería. Durante toda la mañana, aproximadamente cada treinta minutos apretaba el botón, no me voy a quejar era muy buena idea, pero sí debería dejarlo funcionando hasta que complete su trabajo. A este punto, tengo que hacerme cambio de ropa interior.
- Maximoff, vienes conmigo a una reunión -Me quedé petrificada en el asiento- ¿Me escuchaste?
Recogí los papeles sin contestar y mis cosas para seguir tras de ella.
- ¿Te diviertes? -pregunté, luego de que recobré la cordura.
- Podría divertirme más -sonrió, mirándose en el espejo del elevador.
- No deberías... -la puerta del ascensor se abrió, era Yelena con su equipo de trabajo. La miré abriendo los ojos por si se le ocurría apretar el dichoso botón- ¡Ahhhh! -todos se voltearon a verme- lo siento, cólicos -la fulminé con la mirada, y no había notado que con mi mano libre había agarrado su brazo. Lo solté inmediatamente mientras me recostaba en el ascensor. Podía notar la mirada de todos, clavada en mí. Eso no fue el grito de un cólico.
El elevador por fin abrió, todos bajaron. Ellos se fueron en una dirección, mientras que yo me fui hacia la otra.
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The Secretary
FanficSer la secretaria de una de las empresarias más codiciadas del mundo parecía ser pan comido, ¿pero qué pasa cuando tú jefa te hace una propuesta la cual no es para nada profesional? Inspirado en la segunda parte de mi primer fanfic, ...
