Al encontrarme
con tus ojos marrones,
expectantes
como lunas nuevas
supe que todo verso de amor
nacería a partir de tu nombre.
Me volví frágil
traslúcida
y quemé cada poema
en un intento torpe
de olvidarte.
Levanté un muro de silencios,
hecho de cada mirada tuya
que no supo ver la herida
abierta en mis palabras.
Me mirabas
y a través de mí,
sólo veías un cristal roto,
uno que -ingenuamente- creíste
que siempre podía recomponerse.
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Solo respira
ŞiirHay heridas que no se ven pero sangran todos los días. Hay amores que no se olvidan, solo se transforman en palabras. Y hay sentimientos tan intensos que solo encuentran escape entre versos. Este libro no es solo una colección de capítulos. Es un co...
