#9. Agua

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Me miras a los ojos, 

recurres a esa técnica tan perfeccionada 
que solo has usado 
por la gravedad del momento.

Me arrepiento, 
tomas mi mejilla 

y suplicas por más 
de lo que no te puedo dar.
 
Ya no más.

—Solo respira, te estás ahogando, 
solo respira y libera la presión. 
Solo mírame a los ojos, 
solo regresa.

Pero cariño, la razón de estar ahogándome, 

las gotas de agua acumulándose, 
todas ellas tienen tu nombre.

Se empañan las lunas, 

rebalsan en la bañera, 
caen y lo inundan todo.

El sol no puede salir a evaporarla, 
no puede acceder a mi rincón oscuro.

La diferencia es que ahora 
que estás a mis pies 
llorando por milésima vez, 
ya no lo creo.

Tal vez, ahora el agua
ya no se derramará, 
porque el brillo intenso del sol 
ya no me da miedo. 

Porque ya no quiero luchar 
con la sensación de asfixia
nunca más,
porque ahora
ya puedo respirar.

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