#7. Tinta Marchita

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Te confié
mis pensamientos
más suaves,
l

a tibieza de mi casa
y el lenguaje
de mis silencios.

Fuiste llamado mi refugio,
la delicada firma
en el papel de mis días.

Solías reír con esa luz fácil,
como si nunca fueras a apagarte.

Y ahora,
que me dejaste
en la orilla del vacío,
que caminaste
sobre los cristales
de mi voz sin mirar atrás.

Solo pido una cosa:
no finjas que aún me recuerdas
cuando ya has quemado las cartas.

Dime por qué rasgaste el pergamino
donde bordabas en letras doradas,
el nombre que yo creía eterno.

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