Capítulo 17

346 27 34
                                        

—No

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.



—No. Dormiré muy bien aquí —Mentiras.

Anhelo dormir en algo duro y resguardarme en las frazadas. Pero con Sabas a mi lado, no descansaría. No es solo la inconformidad percibiría, es también el hecho que somos mujer y hombre. Y por obvias razones no lo haré.

Sabas me examina intensamente, una sombra oscura llena sus pupilas. Sus gruesos labios se extienden en una lobuna sonrisa.

—No estoy pidiendo tu opinión, humana. Solo te doy un corto aviso. —Chasquea la lengua.

—No me importa, yo...ahh...

Sabas me eleva en sus brazos. Protesto y revuelvo mis tobillos. Percibo su rígido torso adherirse an mis extremidades. Al chocar nuestros cuerpos otra vez, siento una energía fluyendo en mí. La sensación es tan amena y singular, que me rehuso a compartir cama con él. Yo...creo que siento atracción por él. No...yo no deseo esto, no quiero sentir.

Lo tomo del cuello y con fuerza me empeño en soltarme de sus sólidos articulaciones. El me aprieta con vigor. Me muevo con más ímpetu. Splash. El crujido del manotazo hace un eco en la cabaña. Sabas me acaba de pegar una palmada en mi culo. Un torbellino de emociones me azota. Mi cara se me torna caliente. Reprimiendo mi coraje y vergüenza.

El hombre de fuego ante mi shock aprovecha a transladarme a la habitación. Mi cuerpo rebota cuando es depositado en la cama, sin precaución.

Respiro.

Una enorme furia bulle en mi.

Me levanto de un salto y le propino una cachetada a Sabas. Ver su mejilla ponerse rojiza, calma un poco mi cólera. Su frente se arruga y sus pupilas se dilatan. Mi arrebato lo ha sorprendido.

—¡No me vuelvas a pegar en mi trasero, maldito imbecil!



Jadeo con mis entrañas aún hirviendo de rabia. ¡Es tan inaudito! ¡¿Cómo puede pegarme así!? Su acción es tan impropia. Si alguien más lo supiera pensarían que lo estoy inventando.

Paso a su lado, bufando. No obstante, sus garras me atraen y nuevamente soy lanzada a la cama. Sabas se me tira encima y agarra mis manos hacia arriba, mis ojos se amplian, desconcertada. Trago saliva. El corazón me late estremecido.

—Duérmete, humana. —Sus orificios fuego, me ven indiferentes.

Muerdo mis labios, molesta.

—¿Y a ti que te importa donde duerma, Sabas? ¡Quítate! —Palmeó su pecho, pretendiendo que se aleje. Él no se aparta.

Le proporcionó puñetazos como loca, sin embargo mi físico entra en conmoción en el instante que muerde mi oreja. Duro. Impetuoso. Grito anonada y mi mano va a mi oreja lastimada.

GaelaniaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora