II

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Meera hizo lo que pudo con los limitados recursos de los que disponía, pero aún así, seguía sintiéndose fuera de lugar cuando salió del cuarto de invitados con el maquillaje rehecho y la falda todo lo alisada que había conseguido. Había rebuscado en todos los cajones por si encontraba algo que le pudiera servir, pero no había encontrado nada.

Claro que las invitadas de Kaali no debían quedarse en las habitaciones de invitados, pensó. No creía que se tratara precisamente de amistades platónicas.

Casi se dio de bruces con el mismo Kaali en la puerta de la biblioteca. Iba impecablemente vestido para la cena y parecía como si hubiera dispuesto de toda la tarde para asegurarse de que todo estaba en su sitio.

A Meera le dio la impresión de que la miraba de una manera rara, pero claro, seguro que no se había esperado encontrársela en la zona privada de la casa.

—Gracias por quedarte hasta que todo esté listo, Meera.

—¿Ha llegado ya Katrina entonces?

De repente se sintió aliviada, esa era la primera vez que se alegraba de la posibilidad de ver a esa mujer.

—Al parecer, no —dijo él mirándola y arqueando una ceja.

—Ella sabía a la hora que se la esperaba.

Eso lo dijo como disculpándose. Pero no tenía ninguna razón para sentirse responsable de la tardanza de esa mujer. Podría ser que Kaali pensara que ella había provocado esa tardanza para hacer que Katrina quedara mal. Pero eso era impensable, pensó ella. Si lo hubiera organizado de tal manera para que Katrina llegara tarde, se habría cuidado de ir mejor vestida.

Sonó entonces el timbre y un par de minutos más tarde Shakti ya había hecho pasar a los dos primeros invitados. Shakti parecía un poco preocupado. Tal vez se estaba dando cuenta de que, si ella tenía que dedicarse a hacer de anfitriona, no sería de gran ayuda en la cocina.

Poco después ya habían llego todos los invitados, ocho en total, y Shakti estaba sirviendo unos canapés en el salón cuando sonó de nuevo el timbre. Meera se quedó helada por un momento, sonrió al invitado con quién había estado hablando y luego dejó su copa de vino y tomó de manos de Shakti la bandeja.

—Yo me ocuparé de esto, Shakti, tú puedes ir a abrir la puerta.

Él la miró agradecido y fue a hacerlo. Instantes después, apareció Katrina en el salón, se quitó la capa deslizándola por los hombros de forma que Shakti se tuvo que inclinar para recogerla. Ignorando a todos los demás se dirigió inmediatamente a Kaali.

—Querido, lamento llegar tarde. Espero no haberme perdido nada, ¿verdad?

Le ofreció la mejilla para que se la besara y al mismo tiempo, recorrió el salón con la mirada y añadió:

—No, ya veo que no. Es un detalle muy elegante que hayas contratado a una doncella. Oh no, es solo la pequeña Meera, querida, lamento haberte confundido con algo que no eres.

Meera pensó que ella, por su parte, nunca había confundido a esa mujer con algo que no fuera, sabía perfectamente lo que era. Le devolvió la bandeja a Shakti, se disculpó con el invitado con el que había estado hablando y se marchó a la cocina.

Poco más tarde, estaba agitando la sopa con algo más de fuerza de la necesaria y se le derramó un poco. Maldijo y fue a limpiarlo con el borde del delantal. Shakti apareció entonces y le ofreció un trapo mojado.

—El mejor método —dijo sin mirarla directamente—, sería echar un poco de cristal molido en las ostras. Si lo notara, pensaría que solo es arena. Y luego moriría con grandes dolores.

Una cuestión de negocios.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora