Un guardaespaldas experimentado, una chica en peligro y un crimen mortal.
Una cadena de asesinatos arrasó con el gremio compuesto por las cuatro familias más acaudaladas en Nueva York. Al final de la cadena de muertes se encontraba Skylar Forester...
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VICTOR FARADAY
Era una herida abrasiva en su codo, probablemente por el raspar resultante de una caída, la sangre parecía seca, la herida no debía tener más que un par de horas de longevidad. Había sangre también en la espalda de su camiseta, ante la ausencia de más lesiones aparentes, sospechaba que la sangre era de alguien más.
—Tu codo —señaló—. Estás herida.
La chica bajó sus ojos azules a la lesión.
—Mierda —masculló acercando su codo a su propia cara.
El siguiente tren llegó y los dos se adentraron al vagón vacío. Victor tomó asiento y la rubia se sentó en el asiento delante de él, manteniendo su mirada en su herida.
—Puedo curarla —el soldado ofreció.
Los ojos azules de la chica se levantaron hacia él.
—¿Tienes alguna especie de kit de emergencia en esa enorme mochila?
—En realidad, sí —respondió metiendo su mano en su mochila y sacando una caja metálica blanca con una cruz roja en medio.
La chica lo miró a él, luego a la caja y de nuevo a él. Su mirada se volvió inquisitiva.
—¿Puedo confiar en que no eres un pervertido?
Victor rió, la chica era franca.
—Puedes confiar en que no soy un pervertido.
—Más te vale —respondió atravesando el vagón—. ¿Viste lo que le hice al calvo? lo mismo para ti pero en las bolas si noto algo raro.
—Lo tendré presente —respondió Victor abriendo la caja de curación.
La chica tomó asiento al lado del botiquín y Victor se limpió las manos con gel antibacterial; en vista de que no había lavamanos disponible, esa era su mejor opción. Se puso guantes estériles, abrió una gasa y utilizó el interior esteril del empaque para poner los materiales de curación que iba a utilizar.
Procedió a limpiar su herida con una gasa empapada en alcohol, la chica hizo una mueca de dolor pero no se movió.
—¿Eres doctor o algo así?
—No necesitas ser doctor para saber curar una herida.
—Lo sé, pero no todos cargan con un botiquín de medicina en la mochila.
—Buena observación —aplicó una pomada pro—cicatrizante y antibiótica con un abatelenguas—. Soy médico-militar retirado.
—Eso explica el que sepas defensa personal y... bueno... —los ojos de la chica recorrieron su cuerpo—. Todo lo demás.
El vagón se agitó y las luces titilaron un poco. Victor puso una gasa encima de la herida, envolvió su codo con un vendaje y lo mantuvo en su lugar con un clip metálico.