CAPÍTULO 10

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VICTOR FARADAY

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VICTOR FARADAY

Victor sentía los balazos rozándole la nuca, agitando su cabello, amenazándolo, como si la muerte estuviera susurrándole al oído que iba tras su cabeza.

-Resiste ahí -Victor gruñó tirando de su amigo-. Sólo un poco más.

Victor hacía lo mejor que podía por avanzar rápido entre las explosiones y los cadáveres. Cada músculo de su cuerpo fatigado estaba siendo llevado al extremo de sus capacidades. Su hombro derecho estaba dislocado y como resultado su mano colgaba al final de su brazo incapaz de moverse, su palma volteada completamente hacia afuera. Su otro brazo sujetaba a su camarada de misión con fuerza, arrastrándolo a través del camino de tierra cubierta en sangre y muerte.

"Sólo un poco más, sólo un poco". Se repetía por dentro, utilizando esas palabras como anclas que lo mantenían en este mundo.

El olor a pólvora y sangre le revolvían el estómago, de haber comido, probablemente ya habría vomitado. Sus párpados se cerraban involuntariamente, como si cada pestaña pesara cientos de toneladas, quizá era por la fatiga extrema, la deshidratación o por la pérdida de sangre, no lo sabía con certeza. Su mente, estaba solamente enfocada en llevar a su compañero de escuadrón de regreso a la base y después regresarlo a su familia.

Una explosión sucedió, una tan fuerte que lo aturdió por un momento.

El pitido en sus oídos fue tan fuerte que hacía que su cabeza vibrara dolorosamente desde adentro, como si alguien le hubiera metido clavos por la oreja y estuviera agitando su cráneo.

Tomó a su de nuevo amigo, notando la repentina livianez de su cuerpo, notando la laxitud en su brazo. Al disiparse la nube de humo, descubrió que la mitad inferior de su amigo ya no estaba. En su mirada vacía vio que su camarada había partido al más allá.

Había desaparecido justo en sus manos, como un cubo de hielo lo hacía ante el calor del sol. Su alma se le había resbalado de los dedos, extinto para siempre en el enigmático misterio que era el más allá.

Siguió cargándolo varios metros más, sin saber realmente porqué.

. . .

Victor abrió los ojos de inmediato, sudando frío, jadeando como si acabara de correr miles de kilómetros sin siquiera haber abandonado su cama. Su mano fija en la pistola sobre su mesita de noche, la otra en la navaja bajo su almohada.

Su manos se aferraron a sus armas con fuerza, relajándose lentamente mientras su reactivo cerebro comenzó a hacerse consciente de que estaba en una habitación de hotel y no en el campo de batalla.

Soltó las armas y se llevó las manos a la cara, tratando de tallarse el denso estupor fuera de sus ojos.

Bajó las manos a su regazo y miró a su derecha, hacia el gran ventanal de su habitación. Contempló la noche estrellada a través del cristal, lograba atisbar un poco del alba asomándose con timidez a lo lejos, su leve brillo naranja comenzaba a teñir la distancia de la ciudad, sólo un poco.

MI SEXY GUARDAESPALDAS (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora