Un guardaespaldas experimentado, una chica en peligro y un crimen mortal.
Una cadena de asesinatos arrasó con el gremio compuesto por las cuatro familias más acaudaladas en Nueva York. Al final de la cadena de muertes se encontraba Skylar Forester...
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SKYLAR FORESTER
Su mirada no reflejaba sorpresa, era como si supiera que su encuentro estaba predestinado.
—Skylar, tardaste en llegar —su padre hizo notar.
Sky miró el escritorio, encontrando de inmediato un contrato de contratación, alcanzó a divisar la frase "seguridad privada" en las primeras líneas.
Entonces lo entendió.
—Skylar, este es el ex-coronel, Victor Faraday, será tu guardaespaldas a partir de hoy.
Sky sintió fuego revolviéndole en su estómago.
Un guardaespaldas implicaba vigilancia absoluta.
Un guardaespaldas significaba adiós a la privacidad.
—¿Esta es alguna forma de castigo? —la chica debatió—. ¿No te gustó que saliera hace una semana y tu respuesta en conseguirme una niñera?
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—El coronel Faraday no es una niñera, es un ejecutivo en protección privada, el mejor en su campo. Su deber es cuidar de ti.
Sky conocía a su padre, esto no se trataba de mantenerla a salvo, se trataba de mantenerla fuera de cualquier actividad que pudiera comprometer su estúpida campaña electoral.
—Las elecciones están por empezar y no quiero que te metas en más problemas. No después de tu escapada de hace una semana. Tengo mucho encima y no tengo tiempo para preocuparme por ti.
Como si alguna vez lo hubieras hecho... Pensó con amargura.
Tenía tanto que decir, tanto que rugir hasta sacarlo por completo de su pecho, pero no lo dejó salir. No iba a hacer un desastre ni a hacer que los muebles volaran, sabía que no funcionaba con su padre, no importaba que tan fuerte gritara, el hombre solo no escucharía. Simplemente se dio la vuelta y camino de regreso a la puerta.
—No necesito una niñera —declaró antes de salir.
. . .
VICTOR FARADAY
Victor vio a la chica partir y escuchó al señor Forester suspirar.
—Por favor perdónala —se disculpó el político—. Heredó el volátil carácter de su madre. Mujeres, ¿Cierto?
Victor contuvo el desagrado inmediato que sintió por el hombre.
—En fin. Supongo que dado que ya estás enterado de la situación y tu equipo de protección ya está listo, comenzarás a partir de mañana.
Victor no estaba particularmente emocionado por trabajar para la familia Forester, conocía bien este tipo de familias, las había visto en más de una ocasión, el papá millonario y ausente, tan ocupado como para cuidar a su hijo que se ve en la necesidad de contratar a un miembro de seguridad privada para hacer el trabajo de niñera. No tenía problema con ello, después de todo, su trabajo era proteger a otros de peligros inminentes, pero cuando se trataba de soportar conflictos familiares... no era su parte favorita del trabajo.
Prefería proteger ejecutivos, senadores, CEOs, gente que estaba demasiado ocupada como para tener drama en sus vidas. Pero, Whitney Winter, su jefa y dueña de Frostbite, había hablado y su palabra era ley. Al menos el horario era bueno y la paga mejor. Trabajaría de lunes a sábado, de siete de la mañana a las nueve de la noche y su cheque tendría tantos ceros que cualquiera diría que sí sin pensarlo.
Por supuesto, cuando vio el expediente y vio la foto de a quien protegería, la sorpresa levantó sus cejas, aquella misteriosa chica de la estación de trenes volvería a cruzar su camino. No sabía que tan afortunada o desafortunada sería esa coincidencia.
Victor veía porque la chica requería protección, no sólo era la hija de uno de los hombres más ricos del país, era la última sobreviviente en una cadena de crueles asesinatos, todos cometidos por el mismo agresor. Incluso cuando el culpable yacía tras las rejas, los asesinos seriales tendían a ser obsesivos, Victor sabía bien que el encierro no siempre era la manera más efectiva ni absoluta para prevenir que las malas intenciones de alguien lleguen a su objetivo.
No dejaría que nada le pasara a Skylar. Victor no era la clase de hombre que presumía sus fortalezas, pero le enorgullecía saber que era excelente en su trabajo, jamás lo hacía, por supuesto, lo demostraba. Su historial era impecable, no había clientes muertos en su guardia. Estar bajo su protección garantizaba seguridad.
Antes de abandonar la mansión Forester se detuvo un momento en la sala, observando la gran pintura posando sobre las escaleras principales. El retrato era de las dos gemelas, ambas sentadas en el mismo banco, espaldas pegadas, piernas cruzadas y manos sobre sus rodillas. Ambos cabellos dorados libres sobre sus hombros, ambas vistiendo vestidos blancos y ligeros.
Las dos jóvenes eran idénticas, pero Victor podía apuntar y decir quién de las dos era Skylar Forester y se atrevería a decir que estaba en lo correcto, bastaba con ver sus miradas para distinguir a una de la otra, podía ver el desafío natural en la mirada de Skylar, el mismo que vio cuando se enfrentó al lunático del tren.
Se puso su gabardina y se retiró de la mansión preguntándose qué clase de retos se avecinarían en este nuevo caso.
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