Capitulo 12

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Saliendo del coche de Casaer, entré al EAM.

Cuando Casaer me dejaba, me sentía más segura de mi misma. Siempre me han dicho que una actriz debe ser segura; pero yo solo puedo serlo cuando estoy en un escenario recreando alguna acción de un personaje, no se me es sencillo serlo fuera de uno.

—Maia, hace mucho que no hablamos,—dos días—¿qué tal?

—Camile, pues...bien. Excelente debería decir.

—Si, si. Oye, ¿quién era el chico que te trajo?

—Ah, Casaer, mi novio.

—Espera...¿él es tu novio?

Había algo en su rostro que nunca antes había visto, o al menos, que haya visto mientras se dirigían a mi.

—Si—. Miré detrás de Camile. Al fondo, pero muy al fondo, estaba Paul y su amigo rubio. No recuerdo bien su nombre—. Eh.. Camile, ¿te importa que vaya a saludar a otras personas?

—Claro que no, es más, yo te acompaño—. Entrelazó su brazo con el mío— ¿A quién quieres saludar? ¿A Paul? Si yo también, vamos.

Caminamos con el brazo entrelazado por todo el patio hasta llegar a unos dos metros de Paul y...su amigo, donde Camile se abalanzó sobre el chico rubio y luego sobre Paul. Hasta ese momento pensé que abalanzarmeles sería algo de lo más normal; y pude haber estado a punto de hacerlo de no se porque recordé que tengo novio, se llama Casaer y lo quiero mucho.

Quiero.

—Maia, hace mucho que no hablamos. ¿Qué tal?

—Bien, Paul. Bastante bien en realidad.

—Supongo que recordarás a Luck.

Luck, así se llama. Menos mal que me lo dijo, no pude recordarlo por mi misma.

—Luck, claro.

—Ho...hola Maia—. Habló Luck.

—Hola. ¿Cómo has estado?

—Bien...en realidad no tanto, pero igual bien.

—Jajaja, de acuerdo...¿Les parece si vamos al salón?

—Pues, gracias por ofrecerte a llevarnos. Pero ya acabamos el turno. Ahora vamos de urgencia a la casa— levantó una bolsa de farmacia.

—¿Y eso?—dijo Camile.

—Richard está enferm...

—¡Mi bebé! Ahora mismo voy con ustedes.

—¿Vienes Maia?—me preguntó Luck.

—Hum...Si, si. Claro.

...

Llegamos a la casa Hauffman.
Entramos. No era como la recordaba...bueno, no tanto —Digo, quitándole las botellas de licor, el olor a cigarro y los adolescentes con actitudes nudistas todavía se podía reconocer algo—.

—Bueno, ponganse cómodas. Ahora vuelvo.

Y Paul salió del hall a quién sabe dónde.

Richard POV

—Entiende que debes tomarte esto. Y lo harás no sólo por tu salud, sino porque cada píldora me costó 3 euros—. Y como no, ¡si esa cosa era gigante!—Prometo que después de esto dejarás de vomitar como caño.

Vomitar, ay no.

Corrí como pude hasta el inodoro del baño de mi habitación.

—Te digo que pararás. Sólo hazme caso.

—Paul, sólo cállate—y seguí vomitando.

—Bien, bien. Pero al menos tómate este té especial que te preparó Martha.

Me levanté de la posición de cuclillas que había adaptado para estar más cerca al inodoro y agarré la taza que Paul sostenía. Tomé un sorbo. Sabía a té normal.

Me recosté en mi cama apoyando la espalda en la almohada que estaba en la cabecera.

—¿Vino Luck?—pregunté.

—Hum...no sólo él.

—¿Quiénes más?—pregunté de nuevo; de seguro eran los del grupo.

—Camile y Maia.

Fantástico.

La chica que está obsesionada conmigo y la chica que acaba de llegar al instituto.

Fantástico.

—No las harás pasar, ¿verdad? Estoy...con aliento olor a vómito, un poco de fiebre y mareos.

—No te preocupes...¿Ya acabaste el té?

—Pues, si. ¿Pero qué tiene que...? Oh, no.

—Oh, si. Tenías que tomar la pastilla, o tu estómago terminaría como una pasa.

—¿Una pasa?

—¡Si! Por todos los vómitos... El estómago también hace esfuerzo, por eso yo siempre lo recompenso un snack,—se levantó la camiseta y descubrió su abdomen—¿verdad pancita?

—Bájate eso, que me da más náuseas aún.

—Envidioso.

Paul salió de la habitación y me quedé sólo. Di un vistazo a ver si no había algún 'secretito' o 'recuerdito' por ahí.

Nada. Seguro Martha ya lo había recogido todo.

—Joven Richard,—hablando de Martha...—¿necesita algo más?¿está bien?

—No, no. Sólo que...¿tú preparaste este té?—le levanté la taza para que se diera cuenta de lo que hablaba.

—Pues...Pues si, joven. Pero...fue idea mía, eh. No culpe a su hermano por esto. Sólo queríamos verlo sano.

Ay, Martha, Martha, Martha, Martha...
Siempre defendiéndonos.

—Paul ya me dijo la verdad, no tienes que incubrirlo. No pasará nada. No estoy molesto con él.

—Ay, me alegra joven. Ya verá que cuando se sane le haré la salsa de guacamole y la de chile, que tanto le gusta.

¿Olvidé mencionar que Martha era mexicana? Bueno, lo es.

—Gracias Martha—le sonreír con la boca cerrada. No me gustaría que viera mis dientes sin cepillar—. ¿Te llevas esta taza?

—Si, si. Claro.

La tomó y desapareció por el marco de la puerta...

Pero no por mucho, porque volvió a aparecer.

—Olvidé decirle que el joven Paul está trallendo a dos jovencitas y al joven Luck a su habitación. Dijo que no era molestia para usted.

Y ahora si desapareció.

Pero luego oí el ruido de pisadas, cuatro pares.

Luck, Paul, Camile y Maia.

Los hermanos HauffmanDonde viven las historias. Descúbrelo ahora