Bill al fin había llegado al Reino Sagrado después de una larga caminata de tres días, siguiendo la brújula que le habían entregado antes de salir del Abismo.
"Esta brújula te guiará a Ardat, es una vampiresa infiltrada en el Reino disfrazada de una anciana, cuando la encuentres lo sabrás pues la brújula desaparecerá, ella nos ayudará"
Una capa cubría parte de su cuerpo y rostro para no llamar tanto la atención, observaba sus alrededores, la naturaleza era muy diferente aquí afuera, el cielo era claro, el sol quemaba contra la piel, había flores de distintos colores, césped verde, árboles vivos, todo era distinto así que parecía un niño pequeño encantando con lo que veía, el camino de total naturaleza estaba por terminar, las casas comenzaban a verse y muy a lo lejos se lograba ver el resplandeciente castillo que era su meta destruír.
- Uff al fin... -Sacó de nuevo la brújula de uno de sus bolsillos y comenzó a caminar entre las calles, nuevos olores se mezclaban en su nariz, mantequilla por los panes de la panadería, salsa de tomate que de seguro era un guiso de algún hogar, un olor intenso a flores por la florería, las calles eran ruidosas, caballos pasaban tranquilos transportando a sus dueños, chillidos de las llantas de las carrozas, algunas risas de pequeños humanos que corrían a su alrededor jugando, gritos de hogareños ofreciendo sus productos, nunca había visto nada de eso pero pese a su gran curiosidad se mantuvo al margen, llamaría mucho la atención si se sorprendía por la vida cotidiana humana.
Al estar frente a un taller de costura, notó una vibra rara en la brújula que no lo pensó dos veces y entró empujando la puerta vieja de madera "Tintin", el sonido de la campana que anunciaba un cliente para la dueña del lugar se hizo sonar. Bill entró a pasos lentos, observando diferentes telas esparcidas por la gran mesa de madera y unos maniquís con algunas prendas a medio coser, volvió a ver la brújula confirmando si había llegado al lugar indicado pero se sorprendió al ver como esta desaparecía frente a sus ojos.
- ¡Ya has llegado muchacho! -Una voz aguda un tanto temblorosa se hizo presente tras él, pegó un pequeño salto pues hace unos segundos no había nadie y volteó a ver a la dueña de aquella voz, era un anciana de corta estatura pero de ahí en fuera no tenía nada en especial- Oh, que te he asustado.. Una disculpa.
Bill tenía una cara total de sorpresa pero a los segundos su expresión se relajó y le mostró una ligera sonrisa, una sonrisa bastante tierna como para ser del príncipe del Abismo, del mal.
- Hola, no, discúlpeme a mí no me dí cuenta que había alguien - La anciana comenzó a caminar a su alrededor, observándolo de pies a cabeza.
- Sí, eres tal cual me lo mencionaron, vaya que la belleza de nuestro príncipe es inigualable -Las mejillas del chico alto se enrojecieron un poco y se mordió el labio inferior intentando controlarse- También luce muy inocente como para ser de donde vino ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? -La anciana se acercó más a él haciendo que diera un paso hacía atrás.
- Las apariencias engañan... He venido a cumplir lo que le he dicho a mi madre, y lo haré sin dudar -Dijo con firmeza antes de voltearse a ver el esmalte de las uñas negras para evitar un contacto visual.
La anciana sólo asintió, poniendo las manos detrás de su encorvada espalda y comenzando a caminar hacía el interior del taller.
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Abismo Celestial ; Toll
FanfictionEl príncipe del abismo quiere acabar con la humanidad, para lograrlo tiene que destruir el Reino Sagrado que es el caparazón de toda raza humana, pero, nunca pensó que su corazón terminaría en las manos del príncipe enemigo. ¿Logrará acabar con la h...
