EMMA
Crucé rápido la entrada del local, no quería lidiar con regaños a esta hora, aunque había salido con tiempo de casa, el bus decidió que hoy haría un tour por todo el centro y demore más de lo que debería.
Cruce la barra principal asegurandome de que no se encontrara ninguno de los dos en el pasillo, y casi sonreí victoriosa al llegar a la puerta de los casilleros sin que me vieran, pero me contuve de inmediato cuando lo vi apoyado en una de las paredes del fondo.
—¿Buen día Emma, llegando tarde de nuevo? —preguntó Gustavo al verme entrar, con el bolso en la mano.
Por un momento creí que lo lograría. Estuve a punto...
—Buen día señor Gustavo. ¿Cómo está?—me apoye en la otra pared, intentando lucir casual—. Qué linda camisa lleva hoy ¿es nueva?... Ese color le sienta muy bien, la señora Carmen se enamorara de nuevo cuando lo vea.
Trate de decir un lindo cumplido, intentando qué olvide mi hora de llegada.
—Gracias Emma, sí es nueva, me la regaló mi hija el fin de semana pasado, de seguro a Carmen... Espera, sé lo que intentas y esta vez no funcionará —su rostro cambió de una sonrisa a una mirada seria.
En esta ocasión el ser amable y halagarlos no funcionaría para nada, lo noté de inmediato. Estaba de mal humor y mi impuntualidad acababa de empeorarlo.
Mire a mi alrededor en busca de alguien que pudiera salvarme de esto, pero al parecer mis compañeros eran conscientes de su mal genio y ninguno se atrevía a interrumpirnos.
—Has vuelto a llegar tarde, van cinco días en este mes, no puedo seguir tolerando ese comportamiento —me señaló molesto, alzando la voz—, necesitamos a alguien que cumpla y que sea responsable con su trabajo. Lamentablemente si esto vuelve a ocurrir tendré que buscar a alguien más para que sea tu reemplazo.
La impuntualidad era uno de mis mayores defectos, siempre que debía llegar temprano, ocurriría algo inesperado y no me permitiría cumplir mi objetivo. Algunas veces me quedaba dormida en el bus o olvidaba el desayuno y me tocaba devolverme.
—Prometo que será la última vez, no volverá a ocurrir —dije en voz baja, avanzando hacia los cubículos para guardar mi bolso.
Me volteé hacia él nerviosa cuando vi que no respondía, creyendo que cambiaría de opinión y me despediría de una vez.
Solté un suspiro de alivio, al verlo salir en silencio hacía la cocina.
Pensé que ya no tendría que recibir más regaños y que el día avanzaría lento sin tener que hacer nada como pocos días ocurría, pero me di cuenta que no sería así, al verlo detenerse en la puerta, centrando su vista en mí de nuevo.
—Lavas, pelas y picas las papas que están en la cesta, son nueve kilos —señaló la cesta junto a la nevera que desbordaba papas por todo el suelo—, luego las metes en agua y no olvides ponerles vinagre para que duren la semana completa, recuerda que no se puede perder nada.
—Lo haré en cuanto termine con el mise en place, y...¿me trajo la nueva salsa BBQ?. La que está en el freezer no se puede utilizar porque está contaminada con restos de alitas, se lo dije a la señora Carmen el fin de semana—respondí en voz baja, deseando que esta vez si me escucharan—, pero me dijo que primero hablaría con usted.
Ojalá aumenten el sueldo en el camino, si es que se puede.
—Ah sí, Carmen me comentó algo al respecto. Pero Emma ya hemos hablado de esto. ¿Debo recordarte que solo eres una cocinera?. No sabes más que nosotros de todo esto, te pagamos para que hagas lo que te toca, no para que nos digas qué hacer con nuestro negocio.
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Love Yourself, Emma. (NUEVA VERSIÓN)
RomanceEmma Leister sabe lo que es sobrevivir, pero desconoce lo que significa realmente vivir. Sabe cómo se siente vivir con miedo, sonreír cuando por dentro todo se está derrumbando y fingir que el pasado ya no duele. Después de una relación que la dejó...
