HIPO | Alma de Dragón

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Era una noche tranquila en Berk, estaba despejado el cielo, todas las estrellas se veían y solo se escuchaban los grillos entre las cabañas de los vikingos

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Era una noche tranquila en Berk, estaba despejado el cielo, todas las estrellas se veían y solo se escuchaban los grillos entre las cabañas de los vikingos. Los jefes dormían tranquilos pues hace tiempo los dragones ya no atacaban la isla, se alejaban y no causaban molestias; aun así, seguían cazándolos cuando tenían la oportunidad.

Los guardias pasaban por sus lugares, cerca del acantilado, de las torres y la arena de dragones. Ahí se detuvo un vikingo, pues los dragones encerados comenzaban a hacer ruido y empujaban sus puertas.

- ¡Basta! ¡Cállense!... malditos dragones. -

Golpeó las puertas y ellos se calmaron, pero no dejaron de gruñir. El vikingo entrecerró los ojos curiosos por la situación; de repente el viento cambió y las nubes grises se acercaban en el horizonte.

- Algo viene... -

Sujetó su hacha con fuerza y no dejó de ver el cielo.

- Ya estoy aquí. -

Escuchó detrás y cuando volteó, su hacha cayó al suelo; quedó sorprendido al ver un enorme dragón negro que poco a poco se iluminaba de luz azul y a su lado un jinete cubierto de escamas en una armadura; parecía un demonio dragón.

- Tú... que... que... -

Encendió su espada de fuego y llevó su dedo al casco señalando que quería silencio.

- Shh... ve y dile al jefe de Berk, que el jinete de dragones está aquí. -

Y un enorme trueno sonó por todo Berk; rayos y relámpagos se vieron por todas las nubes. El vikingo salió corriendo; otros que vigilaban lo vieron y fue cuestión de segundos para que las alarmas se escucharan, que todas las antorchas se encendieran y cada uno de los vikingos empezara a salir de su hogar.

El jinete de dragones sonrió debajo de su casco, fue con su amigo dragón para montarlo y guiar a todos los dragones por Berk.

- Vamos amigo... dejemos el mensaje claro. -

Por toda la isla se escucharon gritos y el caos de todo el pueblo ardiendo en fuego.

- Por todos los dioses. -

El jefe salió de su hogar; quedó asombrado y sintió algo de temor al ver a su pueblo lleno de fuego y dragones, miles de dragones, nunca había visto tantos juntos en su vida.

- Estoico. -

- Valka ve adentro, son demasiados. -

Pero ninguno se movió. El vikingo que vigilaba la arena llegó frente a los jefes.

- ¡Jefe! ¡Jefe Estoico! ¡Un demonio! ¡Un demonio nos ataca! -

- ¿De que hablas? -

- Un demonio dragón que camina en dos pies se presentó ante mí y me dijo "Dile al jefe de Berk que el jinete de dragones está aquí" -

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