Había regresado. Lo había hecho tan rápido como su cuerpo lo permitió, pero una parte de él se negaba a irse sin despedirse primero de los niños. No podía. No sin verlos una vez más.
—Estoy de vuelta…
Dos pequeños cuerpos se lanzaron desde su escondite, abrazándose a su pecho con fuerza.
—Nyaa…
Una sonrisa suave cruzó su rostro mientras acariciaba sus cabezas. Ellos ronroneaban como si lo hubieran estado esperando durante días, no horas. Pero su voz, cuando volvió a hablar, fue suave, casi triste.
—Debo irme.
Los ojos de Hong se tornaron cristalinos. Un solo parpadeo más y rompería en llanto.
—¿No podemos ir contigo, nya?
—Será peligroso.
Mencionó con tristeza, dejándolos suavemente en el suelo.
Acarició su cabeza otra vez, con la misma delicadeza que si se despidiera de un cachorro. On, sin decir nada, se acercó hasta el. Su mirada era firme, decidida.
—Queremos ir.
Él la miró. Luego suspiró.
—Ah…
No tenía cómo negarse. Abrió los brazos. En un instante, ambos niños treparon por ellos como si su cuerpo le perteneciera. Se acomodaron en sus hombros, ronroneando, aferrados.
Un sonido. Pasos.
tam, tam, tam…
La presión en el aire cambió. Una presencia familiar se acercaba. Sus pupilas se volvieron delgadas, verticales, como agujas listas para perforar. El joven se detuvo a pocos pasos, con ropa sucia, rostro demacrado… tristeza pura en sus ojos.
Lo reconoció. El chico que había cruzado la muralla con desesperación.
Y sin embargo…
El hedor a sangre. La esencia de aquellos bastardos mezclada en su aliento. Sus instintos gritaban: peligro.
Aun así, el chico no se movió. Se sentó contra el muro de piedra, sin fuerza, sin hostilidad. La tensión en su cuerpo disminuyó. Sin notarlo, sus pupilas volvieron a ser redondas.
El joven se sorprendió al ver ese cambio. Él se acercó lentamente y dejó caer una pequeña bolsa frente a él. Pan. Pan fresco.
El otro lo miró en silencio… luego lo tomó. Justo en ese instante, una sonrisa cruzó su rostro antes de desaparecer en una explosión de luz.
El chico quedó allí, con la bolsa en las manos, mirando el espacio vacío.
—¿A dónde fue…?
---
El mundo volvió a girar. Apareció en lo alto de una montaña boscosa, los dos gatitos aún colgaban de sus hombros.
—Otra vez… “Sentí su mirada y hui de inmediato.”
—Nyaa.
Rió con suavidad mientras acariciaba la cabeza de Hong. Luego, al elevarse sobre el suelo, su mirada captó un pequeño pueblo.
—Iremos allí.
Asintió sin dudar, pero en medio del camino, se detuvo. Su vista se clavó en una cueva oculta. Sus pupilas se afilaron de nuevo. Invisibilidad. Cubrió a los tres sin emitir un sonido.
—¿Qué pasa, nya?
No respondió. Sus ojos no se apartaban de la entrada de la cueva. Algo dentro lo llamaba. Algo… estaba mal.
ESTÁS LEYENDO
Soy Basura
FanfictionSon pequeñas historias que quizás desarrolle más adelante! Espribro la base para no perder la idea ❤️ Desesperación, tragedia, romance? Porque no! Habrá un poco de todo, también algunas pequeñas historias paralelas a mis fic's . . Mini fic's de la...
