Aunque la noche cubría el cielo, la ciudad resplandecía como si celebrara una fiesta. Las calles estaban llenas de luz y vida, y el eco de pasos y voces llegaba incluso a los callejones más oscuros.
Cale caminaba en silencio, observando cada rincón con una mezcla de ansiedad y esperanza. Sus ojos se posaron en el escudo grabado en la armadura de uno de los soldados que patrullaban cerca. El emblema era inconfundible: Henituse. Su pecho se agitó.
"Estoy cerca…", pensó.
Sus pasos se aceleraron, siguiendo al guardia con la intención de llegar al castillo. Sin embargo, el soldado tomó un desvío, internándose en los barrios bajos. Cale lo siguió sin darse cuenta a donde iba, dudó por un momento. Sus pasos se volvieron lentos, inciertos.
—…¿Qué voy a decir? ¿Me reconocerá…? ¿Estará feliz de verme?
El pensamiento se clavó como una espina en su pecho. Había pasado tanto tiempo, y su cuerpo… ya no era el mismo. ¿Y si no lo aceptaban? ¿Y si lo rechazaban?
Cuando quiso darse cuenta, ya estaba rodeado de oscuridad y humedad. Las casas estaban desgastadas, los callejones apestaban a moho, y la tristeza flotaba en el aire.
En un rincón, notó movimiento. Tres gatos se enfrentaban. Uno, de gran tamaño, mostraba los dientes y el lomo erizado. Frente a él, dos pequeños gatitos. El de pelaje gris se plantaba con fiereza, protegiendo al más pequeño, un gatito rojizo que temblaba detrás de él.
Los gruñidos rasgaron el aire.
—Grrr!
El zarpazo fue rápido y brutal. El cuerpo del pequeño gato gris voló contra una pared, cayendo con un gemido apagado.
—¡Nya!!
El más pequeño intentó correr tras su compañero, pero el gato grande lo interceptó. Cale no lo pensó dos veces. Se agachó, tomó a ambos gatitos en brazos y los apretó contra su pecho.
—Grrr...
Sus ojos cambiaron, verticales como los de una aguja. Su gruñido fue bajo, casi animal. El gato grande retrocedió. Y luego, huyó.
Con el corazón aún agitado, el joven se recostó en una pared oscura. No soltó a los gatitos. Poco a poco, el calor de los pequeños cuerpos, el cansancio acumulado, y la seguridad momentánea lo arrastraron al sueño.
Los gatitos, al principio tensos, terminaron acurrucándose sobre su pecho.
—Nya~
—Nyaa~
Abrió los ojos al sentir los suaves maullidos. Los miró con calma, y levantó la mano para acariciar sus pequeñas cabezas.
Un rugido rompió el silencio. Era su estómago.
—Hhhgghr…
Frunció el ceño, y los gatitos lo miraron con ojos inquietos.
—…Vamos por algo de comer.
Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Los gatitos movieron sus colas, respondiendo con emoción. Con ambos en brazos, retomó el camino.
Al pasar por una intersección, su mirada se alzó. En lo alto de una colina, un árbol seco y solitario lo observaba desde la distancia. Algo en él le llamó la atención. Se detuvo por un instante.
Tap tap.
Sintió dos patitas sobre su pecho. Bajó la vista.
—¡Es peligroso, nya~!
—¡No puedes ir allí, nya~!
Los ojos del joven se entrecerraron con ternura. Les acarició la cabeza suavemente.
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Soy Basura
Fiksi PenggemarSon pequeñas historias que quizás desarrolle más adelante! Espribro la base para no perder la idea ❤️ Desesperación, tragedia, romance? Porque no! Habrá un poco de todo, también algunas pequeñas historias paralelas a mis fic's . . Mini fic's de la...
