Corría como un loco, empujando a soldados, magos, aliados y enemigos por igual. Su voz se alzaba entre el caos del campo de batalla, desesperada, rota.
—¡Cale! ¡Cale!!
El grito desgarrador atravesó el humo y el estruendo. A cada paso que daba, el corazón de los presentes se encogía. Lo miraban con lástima, con impotencia, como si el dolor de aquel hombre mayor fuese algo que no debían presenciar, pero tampoco podían ignorar.
—Frío… hace frío...
La voz era un susurro. Apenas un hilo de conciencia aferrándose a la vida. La sangre en la tierra parecía congelarse alrededor de su cuerpo.
—N… no…
La voz quebrada del conde se esparció como un eco sordo por el campo de batalla. Los soldados del reino se detuvieron. El mundo pareció detenerse mientras la familia Henituse corría tras él. Nadie se atrevía a interrumpir.
Apenas abrió los ojos, débiles, apagados. Lo vio. Aquel hombre de cabello canoso, arrodillado, sosteniéndolo con manos temblorosas y lágrimas que no cesaban.
—Mi hijo…
Un rugido rasgó el cielo.
—¡¡Dragón rojo!!
Una pequeña figura cruzó el aire como una estrella cayendo. Las alas temblaban, las lágrimas flotaban como gotas cristalinas en el viento.
—¡Lo prometiste! ¡¡No puedes morir!!
La desesperación infantil era el grito más puro que podía escucharse. El pequeño se estrelló contra su cuerpo, acurrucándose contra su pecho.
—Tu plato… se está rompiendo…
Una voz antigua, profunda, habló en su mente. Sintió su mano moverse como en cámara lenta. La levantó con dificultad, y la apoyó con suavidad sobre la cabeza redonda que temblaba contra él.
—¡Abuelo! ¡Mamá! El… el dragón rojo…
Su grito desgarrado se expandió por el cielo. Los dragones arriba dejaron de volar. Uno tras otro comenzaron a descender, con rostros llenos de urgencia.
Un resplandor blanco se descolgó del cielo. Un dragón gigantesco, semi-transparente, de más de treinta metros, bajaba con rapidez.
—Niño… muévete.
La voz de tono áspero no lograba ocultar el temblor de frustración. El dragón de aspecto matón observó la escena con el ceño fruncido, apretando los puños. Pateó el suelo, incapaz de hacer más.
El gran dragón blanco se transformó en una mujer de cabellos flotantes. Su mirada era un pozo de dolor. Observó a la figura en el suelo, al castillo flotando a lo lejos, cambiando de color del rojo profundo al negro absoluto.
—Mi niño…
Las palabras escaparon de sus labios como un rezo. El pequeño se lanzó hacia ella, aferrándose con desesperación. Ella lo envolvió en sus brazos, acariciándolo con ternura. Desde el castillo, ojos felinos observaban con miedo y respeto.
Tap. Tap. Tap. Tap.
Los pasos comenzaron a retumbar. Uno tras otro, como tambores de guerra. Los lobos aullaron al cielo. Un lamento colectivo. Como si quisieran pedirle al universo un milagro.
Los caballeros de armadura negra los siguieron, golpeando el suelo con sus armas. Luego los elfos oscuros. Los elfos de luz. Incluso los vampiros. Todos unieron sus voces, su dolor, su fe.
Un grito agudo desgarró el aire.
—¡Aaagh!
Escupió sangre. Roja y negra. Sus labios temblaban. Las muecas de dolor se acentuaban. Sus manos se cerraban con fuerza, mientras escamas oscuras comenzaban a cubrir su cuerpo.
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Soy Basura
FanfictionSon pequeñas historias que quizás desarrolle más adelante! Espribro la base para no perder la idea ❤️ Desesperación, tragedia, romance? Porque no! Habrá un poco de todo, también algunas pequeñas historias paralelas a mis fic's . . Mini fic's de la...
