Capítulo 7 • El Impostor

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—¡Es imposible! —exclamó Peter, observando la noticia en la pantalla del ordenador—. ¡Ni siquiera sigo usando ese traje!

Señaló con frustración la imagen del supuesto "Spider-Man" que aparecía en la noticia. El rojo y azul clásico brillaban en la pantalla, exactamente como lo llevaba hasta hace no mucho, cuando adoptó el nuevo atuendo negro.

—Lo sé —respondió Kate con firmeza—. Pete, te conozco lo suficiente como para saber que jamás robarías un banco. —su mirada logró que el castaño se relajara por unos instantes. Respiró hondo y pasó una mano por su rostro, y acto seguido se dio media vuelta en dirección a la ventana.

—¿No vas a desayunar? —preguntó Kate, preocupada por la prisa y la seriedad que emanaba de él.

—Comeré algo en el camino.

De repente, unos tentáculos negros emergieron de su espalda y envolvieron su cuerpo en cuestión de segundos, formando su nuevo traje.

Kate se quedó boquiabierta.

—¡Wow! ¿De dónde salió eso?

Peter miró su propio brazo cubierto por el traje como si no fuera la gran cosa.

—Salió de Oscorp —respondió sin emoción.

—¿Cómo? —Kate frunció el ceño—. ¿Cuándo estuviste en Oscorp?

—Hace un par de días, mientras estabas en el hospital. No es gran cosa.

Kate parpadeó, perpleja. Claro que era gran cosa. Oscorp tenía un historial turbio con la experimentación de todo tipo, y el simple hecho de que Peter hubiera conseguido un traje tan extraño de allí sin mencionar nada antes le parecía extraño. Pero antes de que pudiera cuestionarlo más, él ya había deslizado la hoja de vidrio.

—Pete, espera... —intentó detenerlo, pero el castaño ya había salido.

—Tengo que arreglar esto —repitió él sin voltear a verla, y sin más, se lanzó al vacío.

Kate se quedó inmóvil por un momento, observando cómo su silueta se alejaba entre los rascacielos, moviéndose con una fluidez extraña, más agresiva. Antes, sus balanceos tenían una ligereza natural, pero ahora se desplazaba con una precisión casi inhumana, impulsándose con más fuerza, con más velocidad. Como si el trayecto no fuera un simple medio de transporte, sino una carrera.

Peter, por su parte, apenas sintió la brisa gélida al caer en picada antes de lanzar una telaraña y girar en el aire. El traje se ajustaba a cada movimiento como una extensión de su cuerpo, respondiendo antes incluso de que diera la orden.

Tras un par de minutos surcando la ciudad, aterrizó en la cornisa de un edificio alto. Desde allí, Manhattan se extendía como un tapiz infinito de luces y concreto. Respiró hondo, dejándose llevar por el momento, por la sensación de control absoluto que el traje le otorgaba.

Se quedó quieto, observando el tráfico, las personas diminutas abajo, la inmensidad de Nueva York respirando bajo sus pies. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía cansancio, ni agotamiento, ni peso en los hombros. Solo el latido constante de su propia adrenalina.

El momento de calma se rompió con el sonido distorsionado de la radio policial en su oído.

...confirmado, el sujeto con el traje de Spider-Man ha sido visto en el interior del First National Bank...

Peter apretó los dientes.

—Voy por ti.

Sin pensarlo dos veces, se impulsó con ambas piernas y se lanzó al vacío, cayendo como un proyectil antes de disparar una telaraña que detendría su caída. Esta vez, no buscaba simplemente llegar. Buscaba cazar.

Telarañas y Flechas: Volumen II | Spider-BishopDonde viven las historias. Descúbrelo ahora