Capítulo 2 • Reencuentro Amargo

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La mañana comenzaba de forma escandalosa para la prensa de la ciudad de Nueva York. En la entrada al ayuntamiento el flash de las cámaras cegaba a cualquier persona que se acercase a la zona. La multitud estaba atónita, y los periodistas luchaban encarecidamente por tener la exclusiva de la que todos hablarían en días posteriores.

—Señor Osborn, la gente lo creía muerto ¿Fingió usted su muerte por algún motivo que desconozcamos? —lo encaro una reportera sin pelos en la lengua.

Osborn dejó escapar una risa nerviosa ante lo directa que fue la pregunta. —Bueno, supongo que es lo que todos están preguntando en este momento. —se aclaró la garganta. —No, no fingí mi muerte... Me sometí a un tratamiento experimental en Oscorp, las probabilidades de mejorar eran bajas y por eso se evitó mencionarlo a la prensa. Pero, para mi fortuna ya me encuentro totalmente recuperado y rehabilitado, y es por esa razón por la que hoy estoy aquí para retomar mi alcandía —acabó de explicar para seguidamente otorgarle la palabra a otro de los periodistas presentes.

—Ya que lo menciona, ¿Quién dirigió Oscorp durante su ausencia?

—Mi hijo Harry se hizo cargo de la compañía. Confié plenamente en él a pesar de su corta edad y su falta de experiencia. Y puedo decir que hizo un excelente trabajo —las preguntas siguieron durante varios minutos. Toda la ciudad tenía los ojos puestos en Norman Osborn, ya sea que estuvieran entre la multitud frente al ayuntamiento, o que lo estuvieran viendo a través de sus televisores.

Sin embargo, había una persona en particular que no podía quitarle los ojos de encima, pero que no pertenecía a ninguno de los dos grupos recién mencionados. Él era Peter Parker, quien observaba desde lo alto, agazapado en la cornisa de un edificio. No era Spider-Man, era Peter Parker, vestía ropa cotidiana con: con el jersey de un color azul grisáceo sobre la camisa a cuadros, el pantalón de mezclilla y las zapatillas deportivas. Llevaba la mochila amarrada a la espalda y la correa de su cámara cruzada al cuerpo. El aspecto desordenado era visible, pero tratar de mantener cada cabello en su sitio mientras uno se columpiaba entre edificios era una tarea imposible.

Se dirigía al Bugle para entregarle las fotografías del día anterior a Jameson. Pero necesitó detenerse ahí, necesitaba verlo con sus propios ojos y no a través de una pantalla. Sentía el cuerpo entumecido y las palmas sudorosas. No podía dejar de pensar en la conversación que tuvo con Kate antes de salir de casa.

"No puede ser él, lo vi morir"

"¿Viste el cuerpo?"

"Le cayó un auto encima, ¿Cómo se supone que sobreviva a eso?"

La imagen de un hombre resucitado se quedó grabado en sus retinas hasta que sin darse cuenta ya estaba en el ascensor del Daily Bugle. Sus palmas estaban sudorosas y navegaba con un mirada perdida.

—¡Parker! —el grito de Jameson atravesó la editorial de punta a punta al instante en que las puertas se abrieron. —¡A mi oficina!

Ante su sorpresivo llamado, que hizo parecer como si Jonah lo hubiese estado esperando por horas con la mirada pegada a la entrada a la espera de que el joven castaño se le ocurriera aparecer.

A decir verdad el Bugle estaba hecho un caos, personas corriendo de un lado a otro, teléfonos timbrando y papeles desperdigados. Era casi seguro que todo esto se debía al inesperado resucitar de Norman Osborn. Todos los periódicos de la ciudad debían de estar ansiosos por ser los primeros en tener la última noticia en primera plana. Peter atravesó esa jungla periodística para llegar a la oficina de su jefe.

—... Vengo de ahí, créame. No conseguirá nada mejor, esta nota y las fotografías son todo lo que conseguirá hasta el mediodía —un nuevo reportero se había aparecido en el Bugle minutos antes de que Peter llegara. Rondaba los veintitantos años, su cabello era de un tono entre castaño y rubio, y lucía una barba de pocos días.

Telarañas y Flechas: Volumen II | Spider-BishopDonde viven las historias. Descúbrelo ahora