Capítulo 9

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•Sangre• 


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        Antes de realizar el viaje tan ansiado, Ao'nung había pensado que ya sabía qué esperar de su encuentro con su príncipe del bosque. Supuso que sería una experiencia especial y trascendental. Sin embargo, en cuanto llegó se dio cuenta de que la realidad que iba más allá de una fotografía podía ser abrumadora.

        No había vuelta atrás después de haber experimentado la profundidad de su mirada ámbar, la belleza de su sonrisa, el calor de sus manos, la suavidad de su abrazo, la arrebatadora sensación de sus labios voluptuosos y su aroma embriagante. No fue como lo había imaginado, sino que era infinitamente mejor.

        Ahora que tenía a Neteyam a su alcance, Ao'nung quería aprovechar cada ocasión para tratar de interiorizar todo aquello que conformaba su existencia; quería observar el dinamismo en el movimiento de cada músculo de su cuerpo; captar cada pequeña expresión de su rostro; comprender el significado detrás de todas sus palabras y la modulación en su voz. Quería hacerlo suyo en toda la extensión de la palabra.

       —Me estás mirando mucho —Neteyam le dijo con un tono que carecía de reproche alguno. Simplemente fue una afirmación.

        Entonces el hermoso Omatikaya se mordió un poco el labio inferior y se acomodó una trenza detrás de la oreja. Ao'nung había notado que hacía eso cuando se ponía nervioso, en especial cuando flirteaba con él, y francamente le encantaba. Se preguntó si Neteyam sería consciente de la sensualidad que irradiaba con esos simples movimientos.

        —Me gusta mirarte —Ao'nung respondió con simplicidad—. ¿Te molesta que lo haga?

        —No me molesta —Neteyam le aclaró con una sonrisa desenfadada—. Pero también deberías ver por dónde caminas. No quiero que te ocurra lo mismo que le ocurrió a Tsireya el día de ayer.

        En eso tenía razón. Habían emprendido el camino de regreso después de ese momento tan esclarecedor que habían compartido a la orilla del lago, así que Ao'nung debía tener cuidado. El bosque estaba lleno de gruesas raíces, troncos y lianas que podrían hacerlo tropezar si no prestaba suficiente atención.

        —Si me lastimara el tobillo, ¿me cargarías hasta el kelutral? —Ao'nung le preguntó con candidez.

        La reacción de Neteyam fue una risa bastante moderada en comparación con las carcajadas que se le escaparon después de la broma que le había hecho con los Tsawksyul. Esa manera de reír había sido maravillosa. Como agua que cae por una cascada; libre, desenfrenada, fresca y reverberante. Ao'nung deseaba volver a escuchar esa risa en un futuro cercano y esperaba ser él quien la provocara.

El mar que fluye al corazón del bosqueDonde viven las historias. Descúbrelo ahora