Camino

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—Siete... ocho... quizá nueve sujetos al sureste del campamento.

—¿Seguro?

—A menos que estén haciendo guardia bajo tierra —resopló con altivez—, veo muy difícil que puedan esconderse de mi vista, Luzu.

El moreno dio un salto limpio desde la copa del pino hasta el suelo, cayendo con ligereza junto a su líder, que lo aguardaba entre las sombras.

—Deben encontrarse en la costa vigilando los botes —refunfuñó Luzu—. No es normal que dejen su propio campamento con tan pocos centinelas.

—O quizá haya algo más importante ahí —replicó Fargan—. Algo que valga más la pena proteger que suministros y catres viejos.

Luzu meditó apenas un segundo.

—Si ese es el caso, no vale la pena perder tiempo con ellos. Cambiaremos de ruta, los rodearemos e iremos directo a la costa.

Fargan asintió sin objeciones, y ambos desviaron su ruta lo justo para bordear el campamento enemigo, moviéndose con sigilo entre la maleza, evitando cualquier rastro innecesario.

Tras unos instantes de silencio, Fargan habló:

—Luzu... sé que quizá no sea el momento, pero quería preguntarte algo.

—Si no es el momento, entonces deberíamos dejarlo para después, ¿no te parece, Fargan? —respondió el mayor, esbozando una media sonrisa sin detener el paso.

—Ya, pero si quisiera dejarlo para después no habría sacado el tema —le devolvió la sonrisa, con descaro—. Y como estamos viajando juntos, sabía que no tendrías de otra más que escucharme.

Luzu dejó escapar una risa breve, inevitable.

Incluso en situaciones que exigían cautela absoluta, Fargan conseguía mantenerse relajado, fiel a su propio criterio de lo que era prudente... y de lo que no. Siempre a su aire, siempre siguiendo reglas que solo él parecía comprender del todo.

—Espero que no sea una tontería... como que te duela la cabeza por todo lo que tomaste ayer.

—Querido capitán —respondió con una sonrisa ladeada—, ¿por quién me tomas? Apenas han pasado unas cuantas horas desde aquello. Sigo completamente ebrio; la resaca llegará después.

El otro se limitó a girar los ojos.

—Eres incorregible... —murmuró—. Vamos, ¿qué es lo que pasa?

Continuó avanzando, lanzándole una mirada de reojo, atento a cada uno de sus gestos.

—¿Qué es lo que planeas?

—¿Sobre...? —arqueó una ceja, fingiendo duda.

—No te hagas el tonto conmigo. Tú y yo hablamos de algo hace tiempo. Algo relacionado con Vegetta.

—Ah... eso —resopló, volviendo la vista al camino—. La charla que tuvimos la noche antes de que Willy atacara las minas de Lolito.

—Dijiste que hablarías con él —continuó—, para que se mantuviera alejado de cierto chico de la manada de Lolito. En ese entonces no estaba seguro de a quién te referías... pero ahora sé que hablabas de Rubén.

Ambos se detuvieron al oír un ruido entre los arbustos. El silencio se tensó un segundo, hasta que comprobaron que no era nada. Reanudaron la marcha.

—En ese momento —prosiguió— te veías convencido de que esa relación solo traería problemas. Y ahora... —lo miró de reojo— ¿por qué tengo la sensación de que estás intentando mantenerlos juntos?

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⏰ Última actualización: Jan 19 ⏰

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MANADA (RUBEGETTA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora