Canadá había vuelto a su vida.
Y como siempre, probablemente no tarde mucho en pegarse a Usa como una cucaracha, ya sea para ascender o tener favores. Usa lo odiaba pero ignorarlo era la mejor reacción que podía tener por el momento.
— Usa.
— dime.
— el nuevo, él dice que eres su primo.
— ah, no somos cercanos.
— bien.
Usa sonrió y volvió a lo que estaba haciendo.
El chico con el que había conversado hace un momento era Rusia, aunque parezca un alfa, su casta era la de un beta. Siempre se mantenía callado mientras hacia el trabajo y se veía que quería tener un perfil bajo.
A Usa le gustaba eso de él porque para Usa era algo prácticamente imposible, el no ser notado. Pero era un alfa después de todo.
Sí.
Era un alfa.
— Usa, ¿estás bien?
— sí, no te preocupes, ¿cómo van las cosas con Colombia?
— está yendo al... — estaba encontrando la palabra. — sicólogo... pisicólogo.
— lo pronunciaste bien la primera vez. — indico Usa, y continuó. — pero, es bueno, me alegra mucho que lo ayudes.
— sí, es mi omega. Debo hacerlo.
Usa lo miró por algunos segundos y antes de que pudiera continuar, alguien toco el hombro de ambos. Era Alemania.
Había sido un buen día como para tratar con él.
— hey, ¿van a ir a la fiesta de hoy?
— no puedo, Colombia me espera en casa.
— ya sabes mi respuesta. — indico Usa soltándose del agarre de Alemania.
— Perú y Colombia...— murmuró Alemania. — ¿por qué son tan aburridos? ¿qué de especial tienen esos dos? Solo son omegas, está bien follar con ellos y luego escoger uno para casarse, pero ¿por qué ser tan leales a ellos? Sigue sonando ridículo, y lo es aún más el que se acostumbren a su idioma.
— Alemania, no soporto escuchar el nombre de mi omega en tu boca. — volteó a verlo sobre su silla. — será mejor que presentes el último reporte que te envié cuánto antes, no quiero más errores.
Alemania frunció el ceño y cerró sus propios puños.
— y sería mejor que seas más atento con Japón, en vez d-...— opinó Rusia siendo interrumpido.
— ¿a ti que te importa mi relación con Japón?
— me preocupa, eso es todo.
— sé de tu historial con él, Rusia.
— oh, no tienes que preocuparte. Solo a veces me preguntó... ¿por qué te casaste en primer lugar? — siguió el ruso.
— que coincidencia, me preguntaba lo mismo — terminó de decir Usa "alegre".
Alemania los fulminó con la mirada y antes de poder decir algo notó que finalmente no iba a ser escuchado, ellos habían seguido con su trabajo dándole la espalda. Se fue rechinando sus dientes del enojo.
Tanto Rusia como Usa se miraron cómplices y sonrieron.
—.
