4 Bocón

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—¡Mierda! Siento que me voy a morir...

Seguí corriendo, con las piernas tensas, mi pantorrilla izquierda era un bulto adolorido y al costado del torso sentía una puñalada de aire que no encontraba salida.

Curtson continuó inmerso en su celular y pocas veces dirigía su atención a la pista... Un tipo delante de mí se detuvo, se inclinó y apoyó las manos sobre sus rodillas. Era más alto que yo, pero más delgado. Tenía la camiseta empapada de sudor y se le pegaba a la espalda. Lo adelanté en pocos segundos. Sonó un silbato y todos los que iban corriendo delante —y detrás— de mí voltearon en esa dirección, me apresuré a ver el llamado y Curtson señaló al tipo que descansaba y lo mandó a salir de la pista con un ligero y vago movimiento de su barbilla.

«Joder... Debo aguantar, no le voy a dar el gusto».

Aminoré la marcha de manera imperceptible y Alek me pasó por un lado.

—Muévete o serás el siguiente...

Alekséi se veía como si apenas comenzara a correr. Tenía pocas gotas de sudor y la playera apenas estaba mojada.

Yo sí estaba grave. Mi sudadera era gris claro y se veía gris plomo.

«Ojalá esta mierda me pague lo suficiente. Que para esto me hubiese regresado al ejército».

—Me duele hasta la cédula, men. —Me sequé el sudor de la cara con una manga.

—Apenas es la primera prueba, ¿vas a rendirte? —preguntó con tono burlesco, manteniendo su paso similar al mío.

—Ya tenemos como dos horas dando vueltas... —jadeé.

—¿Y tú no eres atleta, pues?

—Hago descansos... Y voy más lento. Este tipo quiere matarnos.

—Descarte. Sigue corriendo y ya.

Alek apresuró su trote y me fue dejando atrás poco a poco. Otro muchacho me alcanzó y aceleré las zancadas. No me iba a pasar. Al parecer mi mente y mis pensamientos era un cartelón fluorescente, porque el tipo me dio pelea por varias vueltas, él me rebasaba, luego yo lo alcanzaba de nuevo y lo adelantaba. Y después de media vuelta, él me volvió a adelantar.

—Vas detrás de mí, imbécil —mascullé.

Apreté tanto los músculos y el trote, que sentí que ante una mala pisada, me torcería un tobillo y quedaría estampado en el suelo como una goma de mascar.

Quizá pasó media hora más, no estaba seguro, pero fue suficiente para que sólo quedáramos cinco de quince.

*****

—Se van a quedar los que aprobaron la prueba psicotécnica y que tengan permiso de tenencia y porte de armas... —Empezó a nombrar apellidos, sin ningún orden aparente—. ...Tramer, Bennett, Johnson y Maverick. Los demás, suerte para la próxima vez.

Me quedé en shock.

«¡¿Qué mierda está pasando?! ¡Yo pasé esa prueba!».

Alekséi me observó, perplejo, y se quedó quieto, esperando más instrucciones de Curtson, el director de la agencia, que estaba observando la carpeta que sostenía y la golpeaba con una lapicera. Los demás fueron saliendo del salón y yo me negué a salir. Esperé a que Curtson dejara de ver la carpeta y me acerqué.

—Señor Curtson, buenos días.

—Buenos días. ¿Alguna duda? —dijo con soberbia.

—Sí, verá... Estoy muy seguro de que aprobé la prueba psicotécnica.

¿Doble Realidad?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora