-Rusia-
Todo el Camino en el carruaje fue silencioso, para mi no fue incómodo, estoy acostumbrado al silencio, al no decir nada que no fuera de suma importancia, al no generar una plática banal.
Pero podía notar que ella no pensaba lo mismo; volteaba a ver a la ventana, al suelo, a sus manos, a mis manos, a mis pies, al techo, y a cualquier infinidad de cosas en las que pudiera distraerse.
Quería ayudarla un poco, con una conversación simple, ¿pero que podría decirle?.
¿Que te parece mi país?
Disculpa que mi agente te secuestro
¿Por que te fuiste con Estados Unidos de todas las personas?
¿Que relación tienes con él?
¿Por que los asesinaste?
¿Que pasó esa tarde del 68?
¿Por que nunca regresaste a verme?
Antes de que pudiera decir algo, nos detuvimos enfrente del palacio de Kremlin.
México se levantó rápidamente, moviendo la manija por su cuenta para abrir la puerta rápidamente, dándole un portazo al chofer.
Se bajo disculpándose profundamente con él mientras juntaba ambas manos implorando.
- Tranquila, no pasa nada - la detuve mientras pasaba por su lado.
- Disculpa de verdad, solo necesitaba aire - se quito el cabello de la cara acomodándose el abrigo.
- ¿Te asfixio el carruaje? - le acomode un mechón que se atoro entre el abrigo y la espalda.
- No no, bueno, no se - se abrazo viendo alrededor.
- ¿Te estoy asfixiando? - fui un poco más directo.
Sus ojos se enfocaron en mi, manos sujetando el abrigo hacia su pecho mientras hundía su rostro en él.
- No Rusia, tu presencia no me asfixia - me contestó decidida.
La lleve con una mano en la espalda más cerca del Kremlin, que por suerte estaba bastante vacío, no era temporada de turismo, hacia mucho frío.
- Entonces si mi presencia no te desagrada, ¿por que no me buscaste? - intente tocar el tema.
- No es tan fácil como tu crees - miro al Palacio - Que bello.
- ¿Por que no es fácil? - no quería que me cambiara el tema - ¿No confías en mi?.
- Rusia - se detuvo en seco girándose para estar frente a frente conmigo - ¿Tu crees que lo primero que me paso por la cabeza cuando me querían arrestar, fue llamarte?, Claro que no, yo pensaba en huir, en que no me encontraran, en que no me encarcelaran por que soy inocente.
- Si fueras inocente, no huirías - quise ser suave con mis palabras pero no había manera de endulzar la verdad.
Se quedó callada, podía ver cómo respiraba con dificultad por cómo su pecho se levantaba y temblaba, sus manos temblaban, no se si por el frío o por frustración.
- No soy inocente del todo, Rusia - hablo con la voz un poco cortada - Si mate a varias personas pero no a mi gente, no a inocentes.
Me quede en silencio, esperando a que agregara algo más antes de yo opinar.
- No acudí a ti por que no sabía si estabas de lado de los países que creen que soy un monstruo o los que creen que estoy muerta, Estados Unidos me encontró y me dio un poco de la Paz que me hacía falta y me gustaría seguir así - me dio un empujón en el pecho que no me esperaba - ¡SI NO FUERA POR TI QUE ME SACASTE DE AHÍ!.
- Solo estaba preocupado por ti - puse mis manos al frente para evitar cualquier otro empujón.
- ¡Pues que te valga verga! - me gruño - A todos les valió verga y a ti también debería.
Se dio la media vuelta decidida a irse, pero alguna fuerza dentro de mi me hizo extender mi mano y tomar la suya.
Quizo jalar su mano lejos pero no podía contra mi fuerza. Me daba de jalones hasta que se giró completamente hacia mi tirando de su muñeca sin lograr zafarse.
- Okay... SUÉLTAME - me gritó intimidante.
Me negué con la cabeza.
- SUÉLTAME - me volvió a gritar jalando mas, colocando su otra mano para rasguñar mi mano.
Nuevamente me negué con la cabeza.
Le dio un mordisco a mi mano, encajándome los dientes; y aunque me dolió, no lo demostré.
- Basta, ya, suéltame - agito nuestras manos juntas.
- Quiero que confíes en mi, no quiero que huyas, quiero ayudarte - afloje un poco mi mano, pero la suya seguía rígida, no se dio cuenta que la había dejado ir tantito.
Sus ojos seguían lanzándome dagas, una mirada de guerra, de odio, fastidio y frustración. Estaba alerta, lista para atacarme.
Hasta que se dio cuenta de que mi mano ya sostenía la suya con las yemas de los dedos; sus ojos se mantenían viendo nuestras manos juntas, para luego quitarla con suavidad, sosteniendo su muñeca.
- Puedes irte cuando quieras, no te voy a amarrar ni mantenerte cautiva, pero dame la oportunidad de ayudarte - me cubrí las heridas sangrantes - No me temas.
Escuché unos tacones fuertes pisando la piedra del suelo, mire hacia atrás, al mismo tiempo que México.
- ¿Méx? - una voz femenina la llamo a metros de nosotros.
Una mujer de labios rojos, cabello negro largo, un vestido pegado negro a juego con el abrigo y los tacones, viendo a México incrédula.
México se giró por completo, la mirada pegada a la mujer que poco a poco se fue acercando.
- ¿Colombia? - México contestó, petrificada en su sitio.
La otra se detuvo en seco, a unos pies de ella, sus ojos abiertos en shock, rojos por el frío que pasaba por su cara.
Ambas mujeres se quedaron viéndose entre ellas, hasta que Colombia soltó un resoplido arrugando la nariz
- Hijueputa- apretó los dientes y le soltó una cachetada a México, jalándola del abrigo - HIJA DE TU MALDITA GONORREA MADRE YO TE HACÍA MUERTA.
- ¡Colombia! - la tomó de ambas manos - ¡Basta!.
- ¡ESTABAS MUERTA, NO ENCONTRARON TU CUERPO YO PENSÉ QUE LO HABÍAN BAÑADO EN ÁCIDO! - le siguió gritando pegándole golpes - ¡PENDEJA ESTUPIDA!.
México la sostuvo con sus brazos y le dio un abrazo, mientras Colombia híperventilaba en su hombro, los ojos rojos con llanto y sus mejillas manchadas de rímel
- Pensé que te había perdido - le susurró al hombro, abrazándola de regreso y llorando.
- Perdón Colombia, Perdón, no podía contactarte.
Que incómodo reencuentro.
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Un tango de rivales
FanfictionEn un mundo donde los países caminan a la par de los humanos, México, una mujer con un pasado trágico, intenta volver a encajar en una sociedad que le dio la espalda hace tiempo. Mientras tanto, Rusia, un soldado retirado, se entera de varios secre...
