La Misión

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Katherine

7:46 a.m.

Terminé de repasar mi delineado estilo ahumado y retoqué las ondas que caían sobre mis hombros ampliamente.

Me miré al espejo por una última vez, el traje resaltaba mi figura de una manera elegante y cautivadora.

—Estás perfecta—

Me giré. Dayana me había ayudado con mi apariencia, creo qué era la única que de verdad me apoyaba. Le sonreí en respuesta.

—Nos están esperando, bajemos—

El ascensor tardó pocos segundos en llevarnos hasta la planta baja. Al salir vimos una gran limusina en la que estaban Garret y Aaron. Nos adentramos velozmente.

—Bien, este es el plan— sus ojos no se percataron de mi insistente mirada.

—Katherine será el factor principal del plan. Ella y Dayana se harán pasar por dos importantes empresarias de la industria. Irán hacia el mostrador y allí una intentará cautivarlo, mientras que la otra nos dará vía libre a la hora de colarnos y robar los expedientes necesarios—asentimos—Por estos pinganillos nos pondremos en contacto y no quiero ningún fallo, sino la perfección absoluta —

Tan solo unos minutos después, llegamos porfín a nuestro destino. Yo fui la primera en salir, Dayana me siguió.
Entramos por la puerta principal y nos dirigimos hasta el mostrador con total indiferencia.Un guardia nos frenó en seco antes de llegar.

—Identificación—sus altos hombros me encararon.

—Lucía Rodríguez y Rachel White— Dayana respondió por ambas mientras sacaba dos identificaciones falsas.

—Mmm, está bien—El guardia se apartó aparentemente convencido.

Continuamos y llegamos hasta donde el recepcionista.

—Hola, buenas tardes qué desea—

Apoye mis antebrazos sobre el mostrador para que mis pecho se realzaran. El trabajador quedó hipnotizado ante ese acto.

—Mire señor...—visualice la pequeña placa que había en su chaqueta negra, "Mike Archibald"— señor Archibald, mi amiga y yo estamos haciendo una investigación en la universidad sobre los momentos históricos de GrandVille y hemos pensado que un hombre tan guapo cómo usted nos podría ayudar,  ¿no cree?—contorneé las caderas al realizar la pregunta.

Su mirada estaba perdida en mi cuerpo.

—S-Sí...—

—Bien, pues si hace el favor, podría ir un momentito a sus archivos periodísticos y buscar por lo menos 5 periódicos importantes—el hombre le dio a un gran botón qué resultó ser la manera en la que las puertas resonador con un clic.

Dayana se giró disimuladamente y pude alcanzar a oír una frase que susurró.

—Puertas 3 y 7 abiertas, precaución—

El hombre se levantó y yo le sonreí coquetamente mientras le acariciaba el brazo.

—Espere aquí señorita,  vuelvo en unos minutos —

Dayana se me acercó.

—Aaron y Garret han entrado por las puertas traseras, hay que distraer a los guardias para poder facilitar la salida—

Ella fue a ocuparse de los seguratas en la parte derecha y yo en la izquierda.

El mismo hombre de antes se interpuso en mi camino.

—Señora Rodríguez, no puede estar en esta zona, vaya a recepción o larguese de aquí —

—Es que señor estoy buscando los servicios....—

—En la entrada pone claramente que sólo disponemos de servicios para empleados—

Tocó plan B.

Puse mis ojos llorosos, falseé leves arcadas mientras él me observaba extrañado. Y al final, me tiré al suelo.

—¡Señorita!—se agachó y antes de que me mirara el pulso, dejé de respirar por unos instantes—¡Kevin! , ayúdame a sacarla fuera, no respira.

Él y otro segurata me llevaron a fuera, y comenzaron a hacerme diversas preguntas. Yo abrí poco a poco los ojos imitando el desconcierto de una persona desmayada.

—Rápido hay que hacerle el boca a boca—posó sus labios sobre los míos y antes de que le diera tiempo a expulsar el aire alguien lo lanzó escaleras abajo.

—Vuelve a besarla y estás muerto cabrón—Aaron me agarró del suelo y me cogió en brazos.

Se empezaron a escuchar disparos y alarmas de policía.

Empezó a correr y nos adentramos en el coche que ya estaba en marcha, Garret conducía y Dayana ordenaba los registros robados. Antes de que le diera tiempo a cerrar la puerta, un disparo le atravesó el brazo.

—¿¡Aaron estás bien!?—pregunté alterada.

—Lo has permitido—sus ojos estaban fijos en el suelo.

—No entiendo... ¿estás delirando?— mi expresion era de confusión total.

—¡Has permitido que te bese!—golpeó tan fuerte el asiento de delante que Dayana se sobresaltó y la sangre de su brazo se triplicó.

¿Qué?

—¡Eso no era parte del plan, ya lo habías jodido todo, y ahora me has jodido a mi!—golpeó esta vez su cabeza contra él asiento.

—Yo no sé de qué estás hablando—una lágrima cayó por mis mejillas.

—¿!Tú y tú estúpida amiga lo habéis planeado todo, en serio me tomabas por imbecil!?—arrancó un pedazo de periódico, lo arrugó, me lo lanzó a las manos y a su vez me tiró del coche en marcha.

Mi cabeza se estrelló contra la carretera y llegué rodando hasta una pradera cercana.

La sangre comenzó a brotar descaradamente de mi cabeza, en mis últimos suspiros logré abrir el papel arrugado.

Era la misma noticia que nos había traído aquí, pero, tenía una diferencia y esa era la causa de todo este lío.

***

Helena Stevenson seguirá investigando estos sucesos y nos informará sobre ellos de inmediato junto a su compañera Clara Landcaster.

AaronDonde viven las historias. Descúbrelo ahora