Capítulo 3.

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Venganza dulce venganza.


Sonó la alarma a las 6:00am. Y marqué a Bárbara para corroborar que estuviera despierta.
-¡De pie!- Contestó animada.
-¿Lista para la venganza?
-Oh nena, no pude dormir pensando en nuestro triunfo-Dijo barby.
-Debo cortar, no olvides las cosas.
-No las olvido por nada del mundo, ¡Cereal con leche!-Gritó bárbara.
-¡Que si!-Añadí-Adiós.
Colgué el teléfono, salí de mi cama y me dirigí a la ducha. Minutos después, corrí a mi habitación y elegí un lindo outfit, ese día sería glorioso, y no quería olvidarlo. Sequé mi cabello, lo alise, apliqué rímel en mis pestañas, haciendo mi habitual proceso para arreglarme.
Vi la hora, y eran las 7:00am. Como no tenía nada que hacer, opté por hacer una lista de las cosas que debía echar al carro, para no olvidar nada. Cuando terminé de hacer la lista, bajé todas las cosas con dificultad, las metí al carro y volví a subir para buscar mi bolso, mi teléfono y confirmar que no se me quedó nada. Vi la hora, y eran las 7:25am. Ya sólo debía esperar a bárbara. Bajé a la cocina, prendí mi teléfono y reproduje Again-Bruno Mars. Amaba tanto a ese hombre, y la mayoría del tiempo fantaseaba con él, cosa que toda Hooligan hace. Por alguna extraña razón, la canción me recordó a McCartney. Comencé a sentir repulsión hacia él, anhelando cada vez más la hermosa venganza. -Venganza- pensé. Me concentré en el significado de esa palabra. Consiste en desquitarse con una persona o grupo, por sus actos. También podría ser justicia, pero lo que he aprendido es que la venganza sólo trae nuevas venganzas. Jamás me había vengado de nadie, quizás porque nunca me habían hecho ese tipo de cosas como las que hizo Matt. Pero McCartney nos humilló, y debe pagar por eso.
El timbre de casa me sacó de mis pensamientos. Guardé mi teléfono en mi bolso y corrí a abrir la puerta, era obvio que sería Bárbara.
-¿y mi leche?-Preguntó, y no se molestó en esperar a que la hiciera pasar.
-Sí, estoy bien. También me alegra verte-dije con tono burlón.
-¿Cómo estás?-Dijo finalmente Bárbara, que ya estaba instalada en la cocina tomando su leche con cereal.
-Eres rara, ¿lo sabías?-Pregunté, pero se limitó a responder y sólo lanzó un gemido.
Me uní a barby, y me serví un café.
-Debería darte llaves de mi casa-Dije rompiendo el silencio.
-Ya me diste una-Dijo con leche saliendo de su boca. Hice una mueca de asco, y ella me miró con desprecio.
-¿Cuándo te las di?-Pregunté, ignorando la rara escena de barby.
-Hace un año.
-¿Qué hiciste con ellas?
-Las tengo en casa, ¿Acaso no lo recuerdas?-Comentó molesta.
-¿Y por qué no las usas?... En realidad, no lo recuerdo-Si lo recordaba, pero quería que se enfadara. Bárbara dejó su plato en la mesa, se cruzó de brazos y me miro con seriedad.
-Campbell-Sabía que cuando se cruzaba de brazos y me llamaba por mi apellido con ese tono serio, era porque estaba molesta-Hace un año, cuando te fuiste de viaje a Francia. Te dije que mis padres estaban pasando por una crisis y tu insististe en que viajara a Francia con ustedes. Tus padres accedieron, pero los míos no quisieron firmar un permiso para dejarme salir fuera del país, como tenía 17 años en ese entonces, no pude hacer nada al respecto, y tus padres tampoco. Así que los padres de mi mejor amiga millonaria me preguntaron si tenía problemas en quedarme en su casa mientras ellos se llevaban al amor de mi vida de mi lado-yo reí, pero Bárbara seguía dando su sermón- ¿Lo recuerdas ya?
-Sí, jamás lo olvidé. Sólo quería hacerte enfadar-Dije, y bárbara me golpeó tan fuerte que solté mi café y la taza estalló en el suelo. Oímos los pasos de mi madre, la que supuse que se levantó a ver qué sucedía. Bárbara y yo cogimos nuestros bolsos y corrimos a la salida de la casa, para salvarnos de sus gritos. Nos adentramos a mi auto, y arranqué para que mamá no nos regañara. Nos hundimos en un mar de carcajadas hasta que mi teléfono comenzó a vibrar. Bárbara tomó el teléfono, hizo cara de espanto y me lo dio para que pudiera contestar. Miré la pantalla -mamá- inhalé profundamente, ordené mis pensamientos, y por fin contesté el teléfono exponiéndome a sus discursos sobre cuidar las cosas de la casa y respetar el sueño de los demás, y blah, blah, blah.
-Amy Valerie Campbell Brooks- Dijo mamá con tono molesto
-Má, voy conduciendo. Hablamos después-Dije, evadiendo su regaño.
-Está bien cariño, suerte en la universidad-dijo con tono comprensible y casi no lo creo.
Cuando corté la llamada, estaba Bárbara mirándome perpleja, pero me abstuve de contestar algo.
Cuando llegamos a la universidad, bajamos cargadas de bolsas, corrimos a escondidillas de los profesores. Ya que, nos estábamos perdiendo la primera hora para realizar la dulce venganza.
Al llegar a los camarines de los chicos, rápidamente divisamos el de McCartney y su banda de simios. Saqué de una de las bolsas, un martillo y un destornillador.
-¿Estás segura que puedes?-Preguntó barby nerviosa. Me limité a responder para no perder la concentración y sólo asentí.
-Barbs, las cámaras-Indiqué. Rápidamente captó el mensaje y comenzó a hurgar entre las bolsas hasta que sacó unas cámaras de video.
-¿Dónde?-Preguntó con tono seco.
-Busca el mejor punto de humillación, confío en ti- Me volteé un segundo para mirar a Bárbara quien parecía estar muy nerviosa-Recuerda que debes poner una cerca del casillero de McCartney, para grabar bien el mensaje.
-Hey rubia, tranquila, ¿Si?, recuerda la humillación que nos causaron esos tipos-Dije, tratando de calmar a Bárbara, y salí victoriosa.
Continué con mi parte del plan. Tomé el destornillador y el martillo, y los posé en el candado del casillero de McCartney, y comencé a dar fuertes pero cortitos golpes para evitar un ruido ensordecedor, aunque fue inútil. Al tercer golpe, el candado se rompió, abrí el casillero, y la luz de la habitación invadió la oscuridad, exponiendo todas las pertenencias de McCartney. Repetí la misma secuencia con todos los candados. Una vez ya abiertos todos los casilleros, Bárbara tomó un frasco de las bolsas, y la seguí. Ambas con los ojos brillosos, deseando ver el rostro de los chicos, reímos, haciendo cada una su parte del plan.
Finalmente, Bárbara conectó las cámaras a su computadora, para poder ver todo en vivo y en directo, hasta que se me ocurrió una maravillosa idea.
-Barbs, ¿Por qué no compartimos esto con toda la universidad?-Dije con tono coqueto.
-¿De qué hablas?-Preguntó dudosa.
-¿Por qué no conectamos la computadora, y reproducimos el video en vivo a toda la universidad?-pregunté haciendo un gesto macabro con las manos.
-Oh Campbell, me encanta tu lado malvado- Dijo Barby.
Salimos de ahí, con cautela y sigilosamente corrimos al cuarto de máquinas, para conectar la computadora a la pantalla principal de la universidad. Era la más grande, y daba al patio de comida, donde se encuentran todos.
Dio el timbre para recreo, y todos comenzaron a salir de sus salones para reunirse en sus respectivos lugares.
-Es la hora-Dijo Bárbara, atenta para presionar el botón que activa la pantalla gigante.
-Dulce venganza-Dije, y vi la hora para darle la señal a Barbs- Normalmente, los chicos se demoran cinco minutos en llegar a sus camarines.
-¿Cómo lo sabes?-Dijo Bárbara.
-Mi tío estudió aquí, lo consulté con él ayer-Barby sólo se quedó en silencio.
-Sólo falta un minuto-Añadí.
-¡Hey, tengo una idea!-Dijo dando brincos como una niña en su fiesta de cumpleaños.
-¿Ah?
-¿Recuerdas que ayer cuando llegamos, como primer día, en esta misma pantalla había un mensaje gigante?-Ahora que lo dice, no lo había notado.
-Uhm, No. No lo vi-Bárbara puso los ojos en blanco, y se acercó a la computadora.
-Quítate Campbell-Dijo, y me dio un empujoncito con su trasero.
-¿Qué haces?-Pregunté a Barby, mientras observaba lo rápido que movía sus dedos. Ella no se molestó en responder.
-¿Alguna canción épica?-No entendía a que se refería, pero no podíamos perder el tiempo.
-Uptown Funk-Dije. Vi el temporizador.
-Bárbara, quedan veinte segundos, ¡Date prisa!- Contesté exaltada.
-¡Que ya casi!-Gritó.
-¡Quince segundos!-Sentí como mi corazón se aceleraba, y mis manos comenzaban a temblar.
-¡Daniels!-Grité, pero a Bárbara parece no haberle importado, porque seguía tecleando.
-Cinco...Cuatro...¡Bárbara, por el amor de Dios!-Al terminar esa oración, Barbs presionó enter, y se derrumbó en la silla como señal de que lo había logrado.
-¿Qué hicis...-Pero antes de terminar la oración, Bárbara me interrumpió.
-¡DEBEMOS BAJAR!-Gritó ansiosa, cogió un control remoto, el cual no tenia idea para que servía. Y sin siquiera darme tiempo de pensar las cosas, jaló de mi, hasta que llegamos abajo.
Había una masa de gente reunida, mirando la gran pantalla haciéndose preguntas como-¿Qué sucede?, ¿No que ese el camarín de hombres?, ¿Tu entiendes que significa esto?-Finalmente, me incorporé a la masa y dirigí mi vista hacia la gran pantalla. Había un mensaje.

Granada al corazón.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora