El guardaespaldas.
-Así que Phredley- Dije pensante.
-Sí. Al fin nos conocemos Amy Campbell-Dijo sonriente. Mi corazón se aceleró y comencé a dudar del chico que me había salvado la vida.
-¿Cómo sabes mi nombre?-Dije atónita.
-Es una larga historia. Ahora que estás más calmada, ¿Quieres que llame a tus padres?- Asentí, y Phredley se retiró. El chico era bastante misterioso, y de una u otra forma, debía descubrir que era.
Al llegar mis padres junto con la policía a la mansión de Phredley, lloraban desconsoladamente, abrazando y besándome una y otra vez. Hicieron la denuncia, y la policía ya estaba trabajando para encontrar a los dos hombres.
-Estoy bien. No me ha pasado nada, si no hubiese sido por Phredley, no estaría sana y salva- Dije desviando mi mirada hacia él, quien me miraba con seriedad.
-Muchas gracias-Dijo mi padre, acercándose a Phredley y dándole un gran abrazo.
-No hay de que señor Campbell- Devolviéndole el abrazo.
-¿Cómo podemos pagártelo cariño?-Añadió mi madre acariciando la mejilla del chico.
-No deben pagármelo, yo sólo hice lo que tenía que hacer-Dijo alejándose de mis padres quienes estaban a punto de devorárselo con tantas caricias y agradecimientos.
-¿Qué tal si viene el domingo a cenar con nosotros?-Pregunté a mis padres.
-¡Excelente! ¡Genial!, tendremos todo listo para entonces, será algo especial-Decía mi madre casi dando saltitos. Mi padre por otro lado, se quedó en silencio.
-pa... ¿Qué dices?- Mi padre despertó de su trance y lanzó una risita nerviosa.
-Es una gran idea-Dijo aun con nerviosismo.
-¿Te pasa algo?-Susurré a mi padre.
-No, nada cariño. Creo que deberíamos irnos.
-Phredley...
-Puedes decirme Phred-Interrumpió. Suspiré, y reí.
-Está bien, Phred. Este es mi número, y la dirección de la casa. Si se te olvida o pierdes el papel, no dudes en textearme- Dije escribiendo mi número y mi dirección. Finalmente, puse el papel en su mano y deposité un beso en su mejilla. Al separarme de Phred, pude notar una leve sonrisa. Esto me hizo ruborizar. Mis padres se despidieron de Phred y una vez más le agradecieron todo.
Cuando íbamos en el auto a casa, mis padres comenzaron a hacerme preguntas sobre lo sucedido. Les narré cada detalle y suceso. Ellos con los ojos aguados, trataron de mostrarse fuertes ante mi, pero no lo lograron. Pude ver como mi madre se limpiaba silenciosamente las lágrimas. Eso me rompió el corazón. Pensar que mis padres podrían sufrir tanto si algún día me pasa algo, y yo de tonta salgo a caminar en la noche. ¿Por qué soy tan estúpida?
-hija... ¿Aún sigues siendo virgen?-Preguntó mi padre con la voz tiritona. Suspiré y puse los ojos en blanco ante tal pregunta.
-Papá, aún sigo siendo virgen. Todo gracias a Phred- Ahora que lo pienso, Phred no sólo me salvó la vida. También me salvó de un trauma, y de perder la única cosa valiosa para mi, con unos tipos sumamente asquerosos. Es un gran chico.
Al llegar a casa vi la hora, y eran las 03:36am. Me quité la manta que me había puesto Phredley, tomé una toalla y fui a tomar una ducha. Mi mente estaba a punto de estallar, había tantas cosas que pensar, tanto que decidir, y tanto que cambiar. Salí de mi relajante baño a las 04:02am. Me puse pijama y me hundí en mi cama, tratando de olvidar esa horrorosa noche. Todo me daba vueltas, y decidí en no pensar más nada e intentar conciliar el sueño.
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Granada al corazón.
Novela JuvenilEs el primer año universitario de Amy, lo cual le provoca miedo y a la vez ansias. Pero no todo sale bien su primer día, ya que comenzó con el pie izquierdo. Y es ahí donde conoce a Matthew McCartney, el chico mas popular de la universidad, el cual...
