Capítulo 2.

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Ojo por ojo, diente por diente.


Cuando por fin tocó la última hora para irnos a casa, salí con Bárbara del salón, y nos dirigimos a mi auto.
-Escucha, barby... Este... He quedado con Matt- Dije apretando los ojos, esperando un regaño.
-¡¿QUÉ?!-Gritó bárbara, exaltada.
-Lo que oíste- Dije, y sonreí para calmar la tensión.
-Amy Campbell, ¿Acaso estás loca?, te recuerdo que Matthew McCartney es el chico que te hizo perder los estribos, el que ha hecho de tu mañana una mierda, el que te ha dicho niña estúpida, y aún así ignoras todas esas cosas para quedar con él- Dijo barby. Siempre ha querido lo mejor para mi, y me cuida muchísimo.
-Que no pasa nada barby, sólo hemos quedado y ya- Dije, intentando calmarla. Y ella sólo suspiró.
-Está bien- Dijo, al cabo de unos segundos. Sonreí, e intentó devolverme la sonrisa, aunque salió algo fingida.
Subimos al auto, lo encendí, y tomamos rumbo a la gasolinera.
-¿Vas a esperarme en el auto?-pregunté.
-Claro, si demoras mucho, dormiré-Respondió, pero me limité a responder hasta que llegáramos.
-Hemos llegado-Dije suspirando, con mariposas en el estómago.
-Yep-Añadió barby. Sabía que estaba molesta.
Vi llegar a Matthew, se veía muy guapo. Me hizo señas con la mano para que me acercara a él, no dude ni un segundo y comencé a caminar.
-Campbell-Dijo con una sonrisa.
-McCartney-Dije, devolviéndole la sonrisa.
-Te ves hermosa- Sentí como me ruborizaba ante tal comentario.
-Matt, ¿para que querías verme?- pregunté con inquietud.
-¿Recuerdas lo que pasó hoy?- preguntó, y la sonrisa se esfumó de su rostro.
-¿De qué hablas?- sentí como mi corazón se aceleraba.
-En la mañana, cuando caíste por mi culpa. Luego de eso te pedí perdón y no aceptaste, me humillaste ante mis amigos, y me llamaste estúpido-Dijo con seriedad.
-S...si-Aclaré mi garganta, y repuse con firmeza-Si, lo recuerdo.
-Bueno, quiero recompensarte por eso-Dijo con una sonrisa macabra.
-No te entiendo-respondí. Matthew comenzó a acercarse a mí, rodeando mi cintura con sus grandes y musculosos brazos. Acercó su cuerpo al mío, posó su mentón en mi hombro, y lentamente comenzó a subir hasta mi oreja. Podía sentir su aliento cálido. Hasta que finalmente subió hasta mis labios, y se quedó cerca de mí por 10 segundos.
-¿Lista?-Añadió.
-Matt...Yo...-Dije, pero no podía hablar.
-Shh... No digas nada, no arruines el momento- Eso me ruborizó, pero sabía que él no podía verme.
-Eres tan hermosa, mi pequeño colibrí- Matthew seguía jugando, acercando y alejando sus labios de los míos. Finalmente sentí como McCartney se alejaba de mí con rapidez, y la pintura corría por mi cabello. Me costó asimilar lo que estaba sucediendo, pero al fin comprendí todo. Fue una trampa de Matthew, una venganza.
-¡Eres un maldito estúpido McCartney!-Dije exaltada.
-¿Acaso creías que te iba a besar niña estúpida?-Respondió. Y el chico que me había embarrado la pintura encima, se echó a reír. El resto de sus amigos llegaron corriendo, y comenzaron a rodearme. Unos 4 chicos tenían baldes llenos de lo que parecía ser; harina, huevo, plumas, y esas cosas. La mayoría con tarros de pintura de colores. Giré y pude distinguirlos casi todos. Rosa, morado, azul, amarillo, rojo, negro. Era un infierno.
-McCartney, te arrepentirás de esto- Dije frunciendo el seño.
-Ups, no lo creo- Dijo Matthew, incorporándose al cirulo de chicos que me rodeaba.
-¿Listos?-Gritó Matthew.
-¡Si!-Gritaron todos los chicos, sin excluir a ninguno.
-¡3...!-Comenzó la cuenta regresiva, liderada por Matt, el cual me exponía a la peor humillación de mi vida, hasta ahora.
-¡2...!-Corearon todos junto a Matthew.
-¡¡¡McCartney!!!- Un grito ahogado desde el fondo de las risas de los chicos. Todos voltearon, y dejaron de reír.
Era Bárbara.
-¿Quién te crees que eres?, ¿Crees que te hace mas hombre humillar a una mujer?, y todos ustedes, banda de simios, ¿Creen que serán mas populares por seguirle el juego a este cerebro de ardilla?-Dijo Bárbara, con la cara roja y la vena de la frente a punto de explotar.
-¿Cerebro de ardilla?- Preguntó Matt, atónito. A lo que todo su grupo comenzó a reír. Matthew no pudo con tanta humillación, así que decidió por tomar a Bárbara del brazo e incorporarla a mi lado.
-¡1!-Gritó Matthew, con la cara roja de la furia, y las venas marcadas a no poder mas.
Cerré los ojos y deseé no ser yo por un segundo. Ahí estaba, mi primer día de universidad, con mi mejor amiga, rodeadas por una banda de chicos que parecen simios, embarrándonos pintura y otras especias.
-¡La van a pagar, imbéciles!- Gritó bárbara, a lo que los chicos dirigieron a ella una oleada de plumas, pintura, harina y huevos.
-¡Están dementes!-Añadí yo, pero de inmediato me arrepentí por haber dicho tal cosa. Ahora la oleada se había dirigido hacia mi, tanto que, ni siquiera me dejaba respirar.
Cuando por fin acabó la masacre, los chicos riéndose a carcajadas y afirmando sus estómagos en señal de que la estaban pasando bien, nosotras decidimos dejar el lugar. Corriendo hacia mi auto, nos subimos, eché a andar el auto, y nos dirigimos a casa.
-Esto es increíble-Dije sin esperar respuesta de Bárbara. Al mirarla, noté un rastro de sonrisa en su cara, me devolvió la mirada, y comenzamos a reír.
-¡Jamás me imaginé tal cosa! Mírate, estas hecha un asco Campbell-Dijo entre risas.
-¿Acaso soy la única?, deberías verte Daniels- Añadí.
-Esto definitivamente no se quedará así. No pagaremos con la misma moneda, oh no nena- Dijo Bárbara, con una sonrisa macabra.
-Claro que no pagaremos con la misma moneda... Pagaremos con dos-Dije, y comenzamos a reír como si nos hubieran contado el chiste mas gracioso del mundo.
Al llegar a casa, estaban nuestras familias juntas. Se llevaban muy bien, y siempre hacíamos viajes, fiestas, o campamentos juntos.
-¡Sorpresa!-Gritaron ambas familias. Aunque realmente, ellos eran los mas sorprendidos. Barby y yo nos miramos, nos encogimos de hombros, y comenzamos a reír.
-Sorpresa-Dijimos coreando, con una sonrisa incomoda. Todos se burlaron de nosotras, pero esta vez no sentí humillación. Nos dimos el tiempo de contarles a todos la historia, de principio a fin, y todos nos dieron ideas de que broma hacerles. Hasta que finalmente armamos la broma perfecta.
Cuando ya todos se fueron a sus casas, yo subí a darme una ducha y quitarme esa prenda llena de pintura. Me miré al espejo unos segundos, contemplé mi cabello y mi rostro, y sonreí. Era un asco. Me metí a la ducha, y me relajé.
Al salir de la ducha, cogí mi pijama, sequé mi cabello y me hundí en la dulce y abrazadora calidez de mi cama. Cogí mi teléfono, y mande un mensaje a Bárbara.
-No olvides comprar todo para la broma del siglo. 11:00pm.
-No lo olvido, estúpida. Ve a dormir, mañana será un largo día. 11:01pm.
-Hey, debo confesarte algo. 11:01pm. -No sabía si estaba bien contarle esto a Bárbara. Pero opté por hacerlo.
-¿Está relacionado con McCartney? 11:02pm.
-Si... Hoy, antes de hacer la broma, se veía bastante guapo. Sentí su cuerpo junto al mío, y nacieron en mi, ganas de besarlo. 11:02pm.
-¡Amy Campbell!¿Acaso estás demente?, ese chico te odia, no quería besarte. Deberías comenzar a sentir asco, repugnancia, rechazo, y odio hacia él. 11:02pm.
-Si... Tienes razón. Voy a dormir, mañana es la gran broma. No olvides nada en casa. Te amo, deformidad no deseada. 11:03pm.
-Buenas noches. Mañana quiero cereal y leche para desayunar. También te amo, aborto de chimpancé. 11:04pm. -Miré el mensaje de Bárbara, sonreí y me abstuve de contestar. Bloquee mi teléfono, apoye mi cabeza en la almohada, y me fui hundiendo lenta y profundamente en el sueño.

Granada al corazón.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora