Light no sabía en qué momento había perdido el control. Quizá nunca lo tuvo, y esa idea le daba náuseas. L estaba sentado en la orilla del escritorio, mirando un monitor apagado como si fuera la cosa más fascinante del mundo, fingiendo que no notaba la presencia de Light detrás de él. Era una actuación patética. O perfecta. Depende de quién lo analizara.
Light trajo dos cafés, uno cargado de azúcar como le había pedido L y otro con apenas endulzante para el mismo. Lo dejo al lado del azabache. Esa tarde, aunque de verano y apenas unas semanas de empezar las clases nuevamente, estaba particularmente oscura, estaban solos, orquestado por Light hace un par de horas, necesitaba quedarse a solas con L.
Light se inclinó hacia adelante, sus manos apoyadas en la mesa, acorralando a L entre la madera del escritorio y su cuerpo. Cada célula en él gritaba que era un movimiento impulsivo, algo que él no hacía jamás. Pero ya no era dueño de sus impulsos. No desde que empezaron a intimar y menos desde que él lo haya rechazado hace un par de días en esa azotea. Quién se creía L para rechazarlo a él, a este nuevo Dios.
L, sin embargo, no se movió. Ni un milímetro.
—Ryuzaki —dijo Light con su voz en un hilo tenso —Necesitamos hablar.
—Me encanta cuando dices "necesitamos", —respondió L con una calma irritante —porque en realidad ya me estás obligando a corresponder la conversación. —el azabache empezó a liberar feromonas de forma descarada, tal y como él lo había hecho en su celo.
La mandíbula de Light tembló apenas, lo suficiente para que L lo notara y Ryuk riera en silencio desde atrás, gozando del desastre. Light cerró la distancia. Su sombra cubrió por completo a L. Había deseo, pero también había rabia. Una mezcla horrible para la situación.
—No puedes ignorarme después de lo que pasó —susurró Light.
—Puedo y lo estoy haciendo —respondió L, levantando lentamente la vista hacia él, sin retroceder. —Lo que pasó fue un error. Muy humano, pero que no quiero que se repita.
Light sintió un golpe directo al pecho. ¿Error humano? Él era un Dios, era perfecto.
—Ryuzaki, mírame —ordenó, usando la voz, inclinándose más hacia él para intimidarlo. —No puedes pretender que nada cambió entre nosotros, que esto no está afectando la investigación.
L lo observó un largo segundo, levemente asustado. Sus ojos oscuros registraron todo: el temblor en la respiración, la tensión en los dedos, la forma en que Light trataba de parecer invencible y fracasaba miserablemente cuando se trataba de él.
—Light —dijo L al fin. —No vamos a repetirlo más.
Light parpadeó. Fue como si hubiera recibido una sentencia definitiva y en el fondo, algo se rasgó. No lo suficiente para romperlo, pero sí para desordenarlo por dentro. L deslizó un pie hacia un costado, escapando suavemente de la jaula de brazos de Light, y salió de la sala con esa maldita postura encorvada que a Light le parecía insoportable e intrigante en partes iguales.
Light quedó paralizado. Con las manos aún sobre el escritorio. Como si su cuerpo no hubiera procesado que L ya no estaba allí.
Y fue entonces que escuchó un ligero, casi sutil aroma, imperceptible.
Takada.
Light giró. Ella estaba en el marco de la puerta. Ella tenía los labios apretados, los puños cerrados, el corazón roto. Apenas sostuvo la compostura, pero sus ojos lo decían todo. Ojos que Light no pudo ver, pero tuvo que salir.
Ella había regresado antes de lo previsto. Había pasado por el supermercado, por la tintorería y por la oficina de la universidad. Había hecho todo lo que decía hacer una novia perfecta. Una mujer estable. Una futura esposa ideal para Light Yagami.
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DEATH NOTE | OMEGAVERSE
FanfictionJusticia: Principio moral que inclina a obrar y juzgar según su propia autocrítica y como dicte la ley, dando a cada uno lo que le corresponde según sus acciones. A: light | Ω: ryuzaki
