La muerte volvió a caer como una ficha mal colocada.
Apenas despertaron de esa noche. L primero, quien salió rápidamente de la habitación levemente adolorido. Se erguió correctamente y se dirigió a su habitación que con la luz tenue de la mañana iluminaba alrededor de las cortinas que parecía que antes tapaban mejor. Las pidió así, él le gustaba trabajar en las sombras y Light, parecía querer ser iluminado para llamar la atención. Nada podía importarle menos, pero esa virtud rápidamente se convertiría en la debilidad de Light.
Entró al baño. Levemente acarició su cuerpo, un poco entumecido, observó su piel pálida un poco moreteada por lo que había pasado hace apenas unas horas. Dándose cuenta de lo obvio, llamó a Watari (de la forma tan inusual que lo hacía) y pidió un poco de maquillaje.
—¿Maquillaje, muchacho?
—Lo necesito, por favor. Tú me entiendes.
—No lo entiendo joven, pero en treinta minutos subiré con su recado.
No sabría cómo explicarle después para que realmente lo necesitaba. No sabía si era más raro decir que era para lucir mejor o decir la verdad.
En cualquier caso, sería mejor no explicar nada.
Se desnudó completamente y entró a la ducha, empezó a asearse con regularidad, sabía lo inevitable que iba a pasar. Abrió levemente sus piernas y empezó a escurrir el líquido de Light entre medio de ellas. Arqueó los labios en un claro disgusto, pero no pudo pensar en lo inevitable.
¿Cómo sería tener hijos con Light?
Unos niños psicópatas seguramente.
Pero... tal vez, en otra vida, en otro plano en que su relación no se basara en buscarse entre ellos como el gato y el ratón, a ver quién escapaba o cazaba al otro... Le hubiese gustado tener hijos con él. Niños pequeños, castaños de piel canela, contrarios a él que dieran vueltas en esa mansión tan grande que siempre hacía eco en las paredes tan frías de cerámica. Que quitaran esas cortinas obscuras e iluminaran su vida para ya no sentirse tan solo. Tal vez los llevaría a ver el orfanato donde creció y poder tener la satisfacción de poder darles una buena vida, llena de cariño y de compañía entre ellos. Podrían llevarlos a la iglesia donde él se encontró y encontró en su vida la fe para poder seguir adelante. Podrían tener varios hijos, para que nunca estuvieran solos entre ellos y el, también, cuando despegaran de su nido, tuviera la compañía del castaño.
Pensó en que Light era un prospecto perfecto para esa vida, bello, fuerte y tan inteligente como él, podrían compartir su vida juntos, adoptar un perro, un perro enorme que llenara todo de babas y de pelo, envejecer en esa misma casa o quizás en otra, un poco más pequeña donde ambos podrían trabajar en equipo... no como enemigos.
Entre tanto pensamiento, no llegó ni a darse cuenta de que estaba sonriendo para sí mismo. Y cuando se dio cuenta de que su rostro esbozaba una sonrisa, apagó rápidamente la ducha y empezó a vestirse tan pronto se secó.
Tenía que evitar esos sentimientos, él no había nacido para tener hijos, él era mucho más que eso, más que solo ser un pobre omega enamorado, marcado y despachado de sus sueños, ya que una noche, se dio cuenta de que eso no iba a llegar nunca y que se aferraría a él hasta que, como un globito en el cielo, se despejara de su vista, pero por mientras, se aferraría a la emoción y el frenesí de estar compaginado con él.
[ . . . ]
Tres criminales. Dos en Japón, uno en Alemania. Todos con condenas distintas, todos con algo en común: habían sido mencionados en un foro anónimo hacía menos de cuarenta y ocho horas.
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DEATH NOTE | OMEGAVERSE
FanfictionJusticia: Principio moral que inclina a obrar y juzgar según su propia autocrítica y como dicte la ley, dando a cada uno lo que le corresponde según sus acciones. A: light | Ω: ryuzaki
