De qué me servía que mi padre tuviera millones si al final yo iba a estar llorando por un carrito azul... que ni siquiera era mío, pero que en mi corazón ya tenía dueño: yo.
- ¿Cómo hago que el azulito sea mío? -pregunté en mi cabeza.
"Pídeselo a mi agropecuario", contestó feliz mi lobo, como si todo en la vida se resolviera pidiendo favores al alfa ranchero.
- Quiero mi carrito -chillé mientras abrazaba una camiseta de Changbin.
Sí, así estaba: hecho bolita en medio de mi nido improvisado, que me tomó cuatro horas acomodar. Todo un trabajo de diseño: ropa organizada por colorimetría, almohadas en los extremos, mis cobijitas favoritas en el centro. Una obra de arte.
No pasaron ni cinco minutos cuando la puerta se abrió de golpe. Entraron Bin y un hombre con bata blanca. ¡Sin tocar! Dos maleducados irrumpiendo en MI habitación, la cual yo ya había marcado con mis feromonas para que quedara claro quién mandaba.
Mi omega gruñó y yo gruñí también.
- ¡Ñao! -grité en negación, en portugués, mientras agarraba una almohada del nido y la lancé directo a Changbin. Obvio la esquivó, maldito ninja.
Él solo sonrió, mirándome con esos ojitos que parecían pedirme algo.
- ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? -pregunté molesto.
- Te ves hermoso enojado -me soltó sin despeinarse.
Yo quería discutirle, pero no podía. Su voz era un beso con sombrero.
- Buen día, soy el doctor Christopher Bang, obstetra -dijo el beta enano, sonriendo como si no estuviera a punto de morir por entrar sin permiso-. El señor Seo me pidió venir a realizar una revis-
- Sí, sí, lo que sea. ¡No lo quiero aquí! -lo interrumpí, señalándolo con mi dedo índice como si fuera un criminal-. Si quisiera ir al médico, habría ido yo solito. ¡Así que sal, Cristiano Ronaldo o como te llames!
Me giré en la cama y fingí dormir.
- Lo siento mucho, puedes retirarte, Christopher -ordenó Changbin.
- No hay problema, alfa. Los omegas de esa jerarquía suelen ser más sensibles en las primeras etapas del embarazo -susurró el doctor, bajando la voz.
- ¡Primeras etapas de embarazo tu abuela! -grité sin abrir los ojos- Khochu, chtoby on ushel, on govorit tol'ko gluposti (quiero que se vaya, solo dice tonterías).
- Lo siento, omega, pero incluso yo que soy beta percibo un leve aroma a leche en su pareja... -explicó con calma el tal Christopher.
Yo me quedé callado. Ese tipo estaba loco. Seguramente se graduó con puro soborno, porque yo no olía a nada raro. El aroma a leche era porque aún no cumplía la mayoría de edad. Punto.
Al fin escuché la puerta cerrarse. Respiré aliviado.
- Por fin tranquilidad -susurré, estirándome.
Extendí los brazos hacia Changbin.
- Binnie, quiero un abrazo.
Él suspiró, pero vino. Subió a la cama y me abrazó por la espalda. Calorcito rico, mi lugar seguro.
- ¿Por qué no lo noté antes? -murmuró en un susurro.
Yo no contesté. ¿Notar qué? Ni idea, pero no me importaba. Solo quería quedarme así.
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Desperté hasta las cinco y media de la tarde. El sol ya estaba cayendo. Changbin no estaba conmigo. Desalmado, sin corazón, ¿cómo se atreve a dejarme solito?
Me vi al espejo del baño y casi grité. Maquillaje corrido, cara hinchada, ojeras hasta el suelo.
- Soy un desastre -bufé-. Pero un desastre hermoso.
Me lavé la cara, apliqué mis cremas y me puse otra pijama, porque obvio: estilo ante todo. Pantuflas de conejo y rumbo a la enfermería.
El ambiente en la hacienda estaba raro. Guardias por todos lados, alfas armados, betas corriendo de un lado a otro. Nunca había visto tanta seguridad junta.
"Algo pasó", murmuró mi lobo, inquieto.
Yo fingí que no lo escuché. Seguí caminando con mi pasito de pasarela, aunque las miradas de algunos alfas me incomodaban. Se notaba que mi olor estaba más dulce de lo normal, más... denso.
Al llegar a la enfermería, un par de betas cuchicheaban. Uno murmuró bajito:
- Ese es el omega que dicen que está preñado...
Me detuve en seco, los miré con mi mejor cara de desprecio y dije:
- No estoy embarazado, idiotas. Es olor a leche porque soy joven. JOVEN. ¿Quieren que se los deletree?
Se callaron al instante. Yo seguí caminando, sintiendo cómo mi lobo ronroneaba.
"Van a creer lo que quieran", me dijo resignado.
- Pues que crean -le contesté en mi mente-. Yo sé la verdad.
Pero en el fondo, mi estómago se revolvió. No por miedo a un embarazo que no existía... sino por cómo Changbin me había abrazado antes, como si él mismo lo creyera.
Y eso, aunque yo lo negara, me hizo sentir una punzada rara. Entre miedo, nervios y... ¿ilusión?
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PIÉNSALO (Changbin x Felix)
WerewolfFelix es un omega ruso que por error termina en un contenedor con dirección a un rancho de México de un alfa buchon.
