AVISO: NARRA FELIX
Había dejado de sentir aquellas dos vibras dominantes que cargaban la habitación. Los olores que me habían golpeado apenas crucé la puerta se habían reducido, aunque aún flotaban en el aire: café con tequila y un dejo de chocolate amargo. Supuse que estaba solo en cuanto escuché el último sonido de la puerta cerrándose detrás de mí.
Por fin. Silencio.
Pasaron unos minutos en los que lo único que escuchaba era mi respiración acelerada. Abrí los ojos despacio y confirmé que nadie estaba cerca. Ese alfa extraño, de ropa rara y mirada intimidante, me había dejado solo.
Con cuidado, bajé de la cama, esquivando el muro de almohadas que había colocado como si fuera una fortaleza. Una ridiculez, aunque… se notaba que había querido cuidarme.
La poca luz que entraba por la ventana me dijo que ya estaba anocheciendo, o quizá era de noche. Miré mi pijama de dinosaurio y casi solté una carcajada.
“¡Estupendo!” pensé feliz.
“¿Estupendo qué?” murmuró mi lobo. “¿No estarás pensando lo que yo estoy pensando… o sí?”
Me quedé quieto, procesando.
“¡Quedarnos aquí porque encontramos a nuestro alfa!”, chilló emocionado mi lobo.
“Huir de aquí porque nos van a matar en cuanto tengan chance”, dije yo.
Nos quedamos callados un segundo. Luego suspiré.
Me quité los tenis sucios que apenas podía soportar y los calcetines. Acto seguido, me deshice de la pijama y la ropa de debajo. Enrollé todo en la misma pijama, improvisando una especie de bolsa torpe pero firme. “Ingeniería básica”, pensé orgulloso.
Me arrodillé en el suelo y comencé a transformarme. El crujido de huesos resonó en la habitación, pero no tardé más de siete segundos. Ventajas de mi linaje. Mi pelaje blanco, espeso y suave, brillaba incluso en la penumbra. Desde cachorro siempre había sido más grande que el promedio, con cuerpo de alfa… hasta que dejé de crecer y me quedé en apenas 1.30 metros de altura. Una decepción para mi padre, sin duda.
Con mi forma de lobo lista, me estiré, tomé mi “bolsa pijama” con el hocico y me acerqué a la puerta. Sabía que alguien entraría tarde o temprano.
Me eché en el suelo, orejas atentas. El clima aquí no era como Rusia, donde el frío cortaba hasta los huesos. Mi pelaje blanco, acostumbrado a las heladas, ahora solo servía para hacerme ver más… bonito. Y yo odiaba que usaran esa palabra conmigo.
No sé cuánto tiempo pasó, pero mi nariz captó un perfume floral. Pasos se acercaban. Tres pares, si mi oído no fallaba. Cuando la cerradura sonó, me preparé.
La puerta se abrió y entraron tres mujeres, betas. Me gruñí bajo, lo suficiente para que pegaran un brinco hacia atrás. Aproveché el susto: corrí, las tumbé y me lancé al pasillo. No conocía el lugar, pero tenía mi olfato.
Esquivé balas, choqué contra cuerpos y seguí corriendo. El olor a bosque húmedo me guió. Bajé unas escaleras de madera, resbalando un poco por la velocidad, y llegué a un piso más bajo. Ahí, un ventanal enorme mostraba un jardín. Estaba cerca de la salida.
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PIÉNSALO (Changbin x Felix)
WilkołakiFelix es un omega ruso que por error termina en un contenedor con dirección a un rancho de México de un alfa buchon.
