Me quedé paralizada, sin saber que hacer o que decir. ¿Lo había escuchado bien?, mi corazón latiendo aceleradamente dentro de mi pecho.
—Daniela, sigues ahí — escuchaba la voz de Dante, lejos.
—¿Qué? — reaccioné.
—Poché ha tenido un accidente, nada importante, y se encuentra bien…
—¿Un accidente?
—De verdad que está bien, te lo prometo.
—¿Dónde está?
—Estamos en el Hospital Virginia Mason, en Urgencias.
—Oh, Dios mío. Voy para allá.
—No es necesario que vengas. De verdad.
—Voy para allá.
Cerré el móvil de golpe, con el corazón a mil por hora, encendida y alarmada por la inquietud. Por el miedo.
Cogí el abrigo y el bolso y cerré la puerta con un golpe tras de mí. El montacargas parecía tardar una eternidad, pero, finalmente, estaba abajo, en mi coche y cruzando la ciudad a toda velocidad.
Malditas motos. ¿Por qué las personas estaban tan obsesionadas con ellas? Dios, si a Poché le
había ocurrido algo, nunca me lo perdonaría.
Llegué rápidamente al hospital, estacioné y salí del coche. Me fui directamente a Urgencias y
entré.
Ese olor. Lo odiaba: el olor de desinfectante, de alcohol desinfectante y de inquietud.
Odiaba el ruido que hacían mis tacones en el suelo pálido de linóleo. La frialdad cruda de
los bonitos cuadros florales de las paredes no contribuía a calmarme.
Todo aquello me recordaba demasiado a cuando había perdido a Julián. Apenas podía soportarlo. Pero Poché estaba allí, en alguna parte.
Tragué las náuseas que sentía y me acerqué al mostrador. Una enfermera levantó la mirada.
—Estoy buscando… a una amiga.
—¿Nombre? —preguntó la mujer.
—María José Garzón
—Daniela.
Me di la vuelta rápidamente y me encontré a Poché y a un hombre alto y desgarbado que
debía de ser Dante. Acababan de cruzar las puertas dobles. El brazo izquierdo de Poché estaba en un cabestrillo. El pánico me provocó un escalofrío en la piel.
—¡Poché!
—Dani, no tenías porque venir hasta aquí.
—¿Estás bromeando? Dante me ha llamado y me ha contado que te habías hecho daño.
—Estoy bien. Me he dislocado un poco el hombro y Dante ha insistido para que me lo
miraran.
—No estás bien. ¿Te has caído de la moto? ¿Es eso lo que ha ocurrido?
—No ha sido nada. He cogido una curva demasiado deprisa y había un montón de hojas en la carretera. La tenía que haber cogido mejor.
Quería decirle que, antes que nada, no debería haberse subido a la maldita moto. Pero no
quería avergonzarla ante su amigo.
Y sabía que no me estaba comportando de una forma plenamente razonable. Pero no lo podía evitar. En lo único que podía pensar era en la cara de Julián. En mi hermanito muerto.
Se me empezó a cerrar la garganta y noté las lágrimas calientes y picantes tras mis ojos.
«Para. Cálmate.»
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𝗘𝗹 𝗟𝗶𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗗𝗲𝗹 𝗣𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿
Fanfic[Adaptación Caché] +21 ⚠️ Advertencias⚠️ •Mucho contenido sexual explícito •Habrá escenas que podría incluirse como prácticas de BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo) G!P •Esta historia NO es mía, es una ADAPTACIÓN...
