5. La despedida (1a parte)

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Una mañana me levanté temprano y supe de inmediato que algo no iba bien. No estabas en tu cama, y primero pensé que, como era de costumbre, te habías levantado antes que yo y habías empezado a garabatear, pero al retirar la cortina pude comprobar que te habías ido con prisas, pues sobre la mesa solamente había un dibujo a medio pintar, y las acuarelas estaban esparcidas por el suelo de cualquier forma. Un escalofrío me recorrió por la espalda al ver que a la otra punta de la habitación, al lado de la puerta, yacía tu silla de ruedas. Era imposible que te hubieras ido sola sin ella. Mis pensamientos se colapsaron momentáneamente. Estaba asustada y paralizada, pero al mismo tiempo la situación me pareció familiar, y, sin saber porqué, eso todavía me dolió aún más.

Lo que ocurrió a continuación fue confuso y pasó tan rápidamente que no me dio tiempo a procesar la información y reaccionar debidamente. La mujer vestida de blanco entró en la habitación y, con la mirada triste, me pidió que me sentara. Por sus ojos llorosos adiviné que traía malas noticias. Aunque no quería creérmelo, tenía una terrible corazonada, y en el fondo creía saber lo que iba a contarme.

– Chloe, lamento decirte que Abril... – Empezó con dificultad, pero tuvo que para en medio de la frase para inspirar profundamente y parpadear varias veces. Tenía la voz temblorosa y estaba a punto de llorar. – Sé que Abril y tu sois muy amigas... y por eso creo que le gustaría despedirse de ti. Acompáñame, por favor.

El mundo entero se desmoronó a mi alrededor. Apenas podía sostenerme en pie, y ni siquiera era capaz de contemplar la posibilidad de que este adiós fuera para siempre. La realidad se me clavó en el alma como una daga envenenada.

Salí de la habitación con un "27" que había sido mi hogar las últimas semanas y empecé a dar vueltas por el hospital, gritando tu nombre en vano. Tenía la mente hecha un lío y la desagradable sensación de estar viviendo un déjà vu. Todo parecía ser parte de un sueño cruel del que despertaría en cualquier momento. Esto ya me había pasado antes, estaba segura de ello, pero no era capaz de decir cuando.

Me detuve delante de la puerta que me habían indicado. Sabía que, si no entraba, más tarde me arrepentiría, pero en el fondo me negaba a creer que esto era el fin, y que ya no volveríamos a estar juntas. Respiré un par de veces para mantener la calma y entré.

Te lo prometoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora