Epílogo 2. La comida

1.6K 42 1
                                        

11/03/2064 (Vivi)

- Cariño, ¿que haces?
- Arreglar la tierra que enseguida viene el calor y tenemos que sembrar
- Estás ahí al sol, sin el sombrero como si nada. Luego vienen los dolores de cabeza. Que ya no tienes veinte años
- Siempre has sido igual de pesada
- Si, y tu siempre me has preguntado lo mismo. Vienen los niños a comer. Quieren celebrar los sesenta de su madre
- Vivi, te dije que no quería que vinieran
- Chiara no puedes seguir con tu mentira son tus hijos, ya no son unos niños
- ¿Como le voy a decir a los niños que su madre está perdiendo la cabeza?
- Ay Chiara por favor no empieces
- No le voy a decir nada a los niños
- Si no lo haces tú, lo haré yo. Nuestros hijos necesitan saber que su madre tiene un principio de Alzheimer. La medicina ha avanzado lo suficiente como para poder probar varios tratamientos. Empezaremos con uno, luego con otro y lo retrasaremos lo suficiente
- No se lo voy a decir, es mi última palabra Violeta. Me cambio y voy a por el pan
- ¿Pues parar un momento?
- ¡Que!
- Explicame porque
- Ay Vio.- Se sentó en un trozo de tronco con su sombrero de paja y me miró.- Ven.- Me sentó encima suya como cuando ibas de pequeña a sentarte encima de papá Noel a pedirle regalos.- Se que hay que decirlo cuanto antes, pero no me atrevo Vio, no quiero a los niños pendientes de nostras más de la cuenta. Si nos fuimos a las afueras era por eso, para estar tu y yo
- Amor, es ley de vida, nos hacemos mayores
- ¿Ley de vida? Tengo TADH y ahora principio de Alzheimer, ¿en serio?
- Amor
- No amor no, la vida no es justa conmigo
- ¿Por qué no subes a dormir un rato?
- ¿No tenía que hacer otra cosa?
- No cariño, sube con la perra te hará compañía
- Janaaa vamos a dormir un rato

La perra siguió a Kiki y yo me quedé recogiendo un poco los trastos y empezando con la comida. Venían nuestros hijos a comer, pero para el café venían los seis de siempre, Omar y Rus, Almu y Alex y Bea y Salma.

El primero en llegar fue Hugo, era el más puntual. Llegó con su mujer Andrea y con mis dos nietos Leo y Lia el mayor de quince años y la pequeña de diez. A Leo no le esperaba ver, últimamente no le gustaban las reuniones familiares, según él, se hacia mayor y el rollo familiar no iba con él.

Después llegó Mía, con su barriguita de seis meses, era una niña y estaba tan unida a su hermana que estaba casi cien por cien segura que la iba a llamar Margot. Había decido ser madre soltera y como sus madres la apoyamos en el proceso.

Tras Mía, llegó su vínculo Margot, con su marido Eneko, la loca de su perra que se llamaba Coco, y con sus dos niños Emma de tres y Mario de uno. Y con una ligera sospecha de que había un tercer baby en la barriga de mi pequeña.

Por último los gemelos como siempre. Primero llegó Ares con su mujer Nerea y los tres terremotos Erik de nueve años, Nathan de cinco y Almu de tres. Le había puesto el nombre de su tía y me parecía precioso. Y aquí también tenía las sospechas de que podía haber un cuarto baby. Tras Ares, llegó Eros con su marido Álvaro y las gemelas Cristel y Axia de seis años.

Todos preguntaron por su madre, a lo que dije que había dormido poco y estaba descansando. No quería hablar sin ella, pese a que me moría de ganas de hacerlo.

Poco a poco todos fueron saliendo al jardín a tomar algo y a jugar con los niños, a excepción de mis hijos que me rodearon, algunos porque ayudaban y otros porque no estaban conformes

- ¿Que hace mama durmiendo casi a la una del medio día?
- Pues Hugo hijo, estaba cansada
- Mama la verdad, ya no somos unos putos críos
- Es la verdad Eros
- Mama
- Parad por favor os lo pido. Quedaos a ayudar o salir a jugar con vuestras familias, pero dejad de preguntar por mama
- ¿Quieres ir a despertarla y nos quedamos al mando nosotras?
- Si, gracias Margot

Quédate conmigo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora