Un despiste, y un favor inesperado en el aeropuerto de Culiacán, Sinaloa, cruza los destinos de Isabella Gastélum y el famoso youtuber, Markitos Toys.
La atracción es inmediata, profunda y difícil de ignorar. Cuando los sentimientos crecen, también...
Hoy es un nuevo día. Me estoy alistando para ir a la carne asada que harán los plebes.
Son las 4:17 de la tarde. En la mañana acompañé a Ana a la boutique y a dejar algunos pedidos a la paqueteria y después fuimos a desayunar al Cabanna, y saliendo de ahí fuimos a casa de nuestros papás a saludarlos. Nos vinimos como a las 3 de la tarde de allá.
Ya me bañé y justo ahorita estoy buscando que ponerme. Tengo un vestido negro largo como primera opción, como segunda tengo una playera blanca con dibujitos y un pantalón color beige y unos tenis blancos normalitos. Me fui por la segunda opción, mejor. Más comodidad.
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Después hice mi skincare. Seguido de eso, me puse poquita base, corrector en la ojeras, polvo translúcido, fijé mis cejas con el gel especial, me puse un poco de rubor en liquido y por último coloqué tinta rosita con gloss en mis labios. Y sellé todo muy bien.
Después me comencé a planchar el cabello y después 20 minutos después, terminé. Chequé la hora: 5:18 p.m.
Por último agarré una bolsa color blanco y eché mi teléfono, tarjetero, mi tinta para los labios y unos chicles de menta.
Me eché perfume, desodorante y terminé. Sali del cuarto y caminé al de Ana.
Toqué, no me quería topar con alguna escena turbia.
—Pase.
Gritó mi hermana desde adentro de su cuarto.
Abrí la puerta y asomé mi cabeza.
—Hola —sonreí mientras la observaba. Se miraba muy linda ella.— te queda muy bien el café —terminé de entrar al cuarto. Ella me sonrió y le devolví la sonrisa.
—Muchas gracias, hermana —me dió un beso en la mejilla.— el blanco en ti resalta tu cabello.
—Gracias —me senté en la cama, mientras ella se echaba crema en los brazos.— ¿ya estás lista?
—Ya —acabó de poner la crema en sus brazos y agarró su bolsa.— nadamás falta el Kevin.
Nos pusimos a ver Tiktok juntas en lo que esperábamos a Kevin.
Después de 10 minutos salió el Kevin ya cambiado y perfumado.
—Te hechaste todo el bote de perfume Kevin, no mames.
Me tapé la nariz. No es que oliera feo, pero si muy fuerte.
—Que exagerada cuñada. Huelo bien chilo, nadamás que su nariz no soporta tanta delicia.
Arrugué la nariz e hice una mueca. Ana comenzó a reír.
Después de eso bajamos y nos subimos al carro los tres. Kevin de piloto, Ana de copiloto y yo atrás.
Íbamos platicando de diversas cosas, por ejemplo: El nuevo proyecto que tenía Kevin, un rancho.